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domingo, 27 de noviembre de 2016

Entangled in Metal

Hoy me levanté pensando en este flaco César González y en sus lecturas que atraviesan su vida cotidiana, como habrán leído.

Me voy a acostar pensando en qué tan falto de convicciones estoy yo. O en cuán ahíto de convicciones estoy.
Y viene a la cabeza lo que hice todo el día, que fue descargar discos y escuchar los que iban llegando, mientras pasaban las horas y seguía lloviendo y menos ganas de salir tenía.
Todo el día escuchando metal, leyendo reseñas de discos de metal, ordenando metadatos de discos de metal.
Resuenan preguntas con voz de tía abuela que no tengo: «¿Por qué te gusta el metal, Fernandito? ¿Querés morirte solo?»
Un poco sí, tía. Pero no es sólo eso. Me voy a ir a acostar sonriente porque me parece que el metal "me atraviesa" como leer a Foucault "atraviesa" a este César González.

Porque… el metal tiene ese no sé qué...
Mejor dicho, tiene ese "sí sé qué", como dice en deathmetal.org por algún lado al reseñar un libro sobre la relación entre el satanismo y la música:

«The interviews in this book are often like metal itself, half amateurish lazy drop-out and half insightful dissident looking for a way outside of the tenets of modern society.»

«… como el metal mismo, medio escapismo perezoso, medio profunda búsqueda realmente disidente para encontrar una salida a las normas/costumbres/dogmas de la sociedad moderna.»

Lo que me gusta del metal, aparte de las disonancias y los chiflidos de las guitarras, de los ritmos de los dobles bombos imposibles de seguir con mis fofos pies, de las melodías imposibles de silbar, de los gruñidos, de los sonidos que van a sonar cuando llegue El Fin, aparte de todo eso, lo que "me gusta" del metal es que no entiendo ni un octavo de las letras (y cuando las entiendo casi siempre me dan vergüenza) ni me interesa mucho vestirme con una remera con la tapa de un disco o usar muñequeras o cadenitas o chupines, pero sé que esta música habla de mí precisamente por esto que dice esta frase tan cortita y tan contudente.

Es escapismo porque sí mezclado con auténtica rebeldía lo que tiene el metal.

Y ahí sí que estoy yo. Ahí sí. Ahí mismo, precisamente en esa estoy yo enganchado, entremezclado, enmarañado, (entangled in chaos), tironeado por igual por la pereza y la furia de querer salir y "hacer saltar el mundo por los aires".

De verdad quisiera tener el poder de destruir toda la cultura en el sentido de "el modo total de vida", de verdad verdadera, porque estoy convencido de que esto que nos damos no es la verdadera vida. Por esto no salgo mucho, por esto me anestesio con series en lugar de con Foucault, porque hay algo que vi y no sé más qué hacer para no formar parte.

Es más que el deseo de no tener jefe ni horario, es más que anticapitalismo, es más que anarquismo, será nihilismo —nihilismo que pretende ser vitalista, ojo—, pero mezclado con impotencia ante esta infinita mar de caca en la que estamos nadando todos juntos y de la que no podemos salir por más que soñemos y recontra soñemos con que hay otra cosa. O con que al menos debería haber otra cosa. En algún lado tiene que estar. Pero no está. No está en ningún lado. No soy libre, Jean-Paul, no mientas. ¿Quién es libre? ¿Quién vive como debería vivirse, quién practica verdaderamente el buen vivir? ¿Humanos?, no te creo.

El metal es un intento de dar una respuesta, o al menos de tapar con ruidos y escalofríos de dopamina, a la sensación de que está todo mal. Sensación que nunca —nunca-nunca, nunca jamás de los jamases— se fue ni se va ni se irá.

Por eso no me gusta Nightwish ni Iron Maiden ni Metallica. Porque no sé de qué la van, pero no tienen nada que ver con lo que cuernos sea el metal.

sábado, 26 de noviembre de 2016

«Más que un "Cabeza caliente" ya soy un "Cerebro incendiado"»; o «De esa gente que te hace "replantearte" no sólo la carrera que cursás sino la vida que llevás»

Ayer escuché en Ciudad Clinämen los audios de las charlas que tuvieron hace un par de semanas en La mar en coche, programa de radio La Tribu, con César González, un cineasta y escritor villero.

Hablaron sobre su película Exomologesis, sobre cómo estudió mientras estuvo preso (leyó «Vigilar y castigar» de Foucault en la cárcel).

Mencionó... (No. No sólo "mencionó". Cuando habla se percibe que se apropió completamente de las ideas de los libros que leyó para aplicarlas en su vida todo el tiempo) Citó [mostró esta influencia de los libros en su vida] a varios autores que sólo conozco de nombre o por haber leído algún capítulo suelto para la facultad, como ser el mismo Foucault, Artaud, Deleuze, Wacquant, Guattari...
Quiero leer como este pibe.
Quiero hacer lo que este flaco hace con los libros. Vive como lee. Lee cómo vivir.
Y yo aquí de tonto leyendo no sé qué porque leo diez libros a la vez y no termino ninguno, sobre pavadas.

Y lo mismo con el cine. Mencionó directores como Robert J. Flaherty, Dziga Vértov, Roberto Rossellini, Jean-Luc Godard. Romanticismo, expresionismo alemán...
Y yo aquí de tonto viendo «Men In Black» o «Terminator» y demás películas pasatistas sean de Spielberg, de Wes Anderson o de Bryan Singer.

Soy abyecto, execrable, mezquino e hipócrita.

domingo, 31 de julio de 2016

La vida empieza en julio

Advertencia
Doy por hecho que el lector de blogs es distinto al de Facebook, por lo que no agrego demasiados vínculos a los temas de los que hablo puesto que considero que i) tengo un poco de sueño; ii) quien lee esto sabe copiar un lema, pongamos por ejemplo "Escuadrón Guillemet", y pegarlo en la barra de Google para buscarlo por su cuenta.
Fin de la advertencia

La meta de escribir en el blog en lugar de en Facebook se ve obstruida por el sencillo pedregullo de no haber agregado a blogger.com como una de las pestañas que se abran automáticamente cada vez que inicio sesión con el Google Chrome, acto que me reconvertiría en un bloguero más que en un "pibe Face" malhumorado y medio huevón.
Un momento por favor...
Hecho. Ahora blogger.com es una de las pestañas de inicio. Qué lindo.
Prosigamos.

El de julio es un mes particular. No este en particular ni el mes de julio en general, o sea, no es que cada año sea julio un mes diferente, sino que quiero decir, si es que quiero decir algo, que este mes de julio de 2016 viene siendo un mes particular entre todos los meses, no sólo entre todos los julios, que no recuerdo tanto cómo establecer una generalidad de los julios que he vivido sino que —¡maldición, ¿por qué no puedo escribir claro?!— este mes que termina hoy o ayer o mañana fue un mes interesante entre otros meses interesantes pero particularmente interesante. HE DICHO.

¿Y por qué resulta este julio de 2016 un mes interesante?
Ah, bien, ahí vamos.
Este mes resulta interesante porque han sucedido varias cosas —obviamente— interesantes, que, todas juntas, pesan bastante, tipooseadigamos: agregan a la interesantez de este mes...
A saber:

1) El proyecto de impresión tipográfica + encuadernación, el Escuadrón Guillemet, que fundamos con mi amiga S. M. hace aproximadamente un año, está creciendo y da sus primeros frutitos.
1) a) Ya julio es el segundo o el tercero de un par de meses en que los ingresos por las ventas de nuestros productos nos permiten pagar el alquiler y las expensas del espacio donde estamos instalados. Un pequeño paso para la Humanidad, sin dudas, pero un gran paso para un nanoemprendimiento como el de marras.
1) b) Producto de nuestro trabajo surgió la invitación del Club Cultural Matienzo a exponer nuestra modesta experiencia en el Proyecto Poroto, cosa que hicimos y cuyas consecuencias empiezan a hacerse palpables, como se ve en el siguiente apartado.
1) c) Alguien vio lo que estábamos haciendo y se le ocurrió invitarnos a la bienal sobre tipografía y diseño gráfico Tipos Latinos de este año, para hacer una pequeña demostración de cómo se siente agarrar un componedor e irle colocando letritas de plomo, estaño y antimonio para formar palabras y oraciones y encima después imprimir con ese texto metálico unos papelitos con una máquina de imprimir minerva de mano. La sensación de haber sido invitados a tamaño "evento" (hasta donde entiendo, llamar "evento" a algo programado es un error, por eso las comillas) es inabarcable.
1) d) Surgen trabajos que no son ya encargos de tíos o amigos, sino de "clientes-clientes", con los temores, responsabilidades y demás dimes y diretes del quehacer profesional.

2) Eso en cuanto al trabajo. En lo que se refiere a los estudios, terminé el primer cuatrimestre promocionando Edición Electrónica y Multimedia de la carrera de Edición que iniciara en 2006, que dejara en 2008 y que retomara en 2013, para descubrir el mismo día en que me entregaran la nota de esta materia que me resta cursar solamente cuatro asignaturas... Onda, este cuatrimestre y el que viene. Mientras, daré los niveles de inglés, seminario, pasantía o tesina y listo... Seré un egresado de una carrera universitaria. Recórcholis.
2) a) Como no me gusta hacerme fácil la vida, en estas semanas de inactividad académica no tuve mejor idea que, en lugar de rendir alguno de los tres exámenes finales que adeudo para avanzar con la carrera de Edición de la que hablaba en 1), hacer realidad el sueño —o pesadilla— de repasar, si no todos, al menos los temas más relevantes (o respecto de los cuales mi ignorancia me resulte deprimente y vergonzante) de todo lo que vi en el nunca bien ponderado colegio secundario al que asistiera en mis años mozos.
Hace años que venía masticando la idea. Incluso tuve pesadillas en las que soñaba que por un error burocrático alguien me informaba de que mi título de bachiller carecía de validez y que por tanto debía rehacer el secundario, y no de otra forma que no fuera volver a ir de lunes a viernes en el mismo horario al mismo edificio al que asistía en su momento, pero yo con treinta y tantos años, mis compañeros de primer año con trece. Esta pesadilla se repitió al menos tres veces desde 2013 para acá. Aterradora. Pero se relaciona estrechamente con la insoportable sensación de no poder comprender cómo cuernos en su momento pude resolver ya no derivadas, sino divisiones con más de tres cifras en el divisor, o problemas de choque elástico con cálculo de incertezas, cómo podía repetir casi como las preposiciones... a ante bajo cabe con contra de desde en entre hacia hasta para por según sin so sobre tras... los años en que fueron asumiendo los distintos presidentes de la Argentina, cómo llegué a comprender las declinaciones del latín, cómo reconocía una PIAdj. al vuelo y era capaz de muchos otros más malabarismos intelectuales y hoy, tantos años después, me encontraba con que mi cerebro había borrado de un plumazo tamaños datos y relaciones imprescindibles para todo hombre de bien. No serán imprescindibles realmente, es un chiste, zopenco, pero he descubierto en mis meditaciones que nada en este mundo lo es. Como bien sentencia mi Padre ante la muerte de algún prócer coetáneo: "Son los imprescindibles los que van poblando los cementerios", o algo por el estilo.
Producto de estas inquietudes (tanto la del olvido casi completo de todo lo que supuestamente había aprendido en el secundario como la de la aprehensión de que la muerte es para todos, y sobre todo la aprehensión de que ¡es para uno!, ¡y dentro de muy poco!), sumadas a la preocupación por acelerar un poco la segunda intentona de mudanza con rumbos meridianos (y la mayor preocupación por evitar que la segunda sea una intentona y en su lugar se convierta en una concreción concreta y re concreta), por eso y muchas cosas más, resolví también en este julio fundar la Escuela Ícaro para la Repatagonización del Mismo, escuela en la cual soy rector, docentes, preceptores, maestranza y, por supuesto, alumno. No es una escuela muy copante, ni siquiera es una escuela con un edificio que se destine a ser escuela únicamente, sino que se limita a los modestos diez metros cuadrados de mi pieza y la mesa del comedor cuando tengo suerte. Pero es una escuela en la que yo pongo el horario y las evaluaciones y de la que nunca voy a graduarme.
Es hija de todas las cosas de las que empecé a preocuparme por primera vez durante mi intentona de vivir en el Sur, sumadas a lo que aprendí en el secundario, sumadas a lo que me gustaría aprender para volver a intentar un cambio, dejar la vida urbana para tomar una vida rural, entre árboles, cielos inmensos, montañas, ríos, píedras, silencios, lunas llenas que me despierten mientras duermo como si me hubieran encendido un farol en la cara, donde "las mañanas y las tardes sean mías", etc.

* * *

El programa de la Escuela Ícaro para la Repatagonización del Mismo lo armé de la siguiente manera:
Descargué el plan de estudios del colegio al que asistí y del cual me gradué, a pesar de lo que vengan a plantearme mis pesadillas. Descargué después los programas de todas las materias y los fui leyendo uno por uno. Elegí cuáles temas me parecen más imprescindibles para organizar las cosas como para armar en el mediano plazo mi refugio anarco-budista-agroecológico-permacultural cope en algún bosque de la Patagonia y cuáles, como decía más arriba, me avergüenza no haber retenido (historia argentina, matemáticas, latín, etc.). Compré unos cuantos cuadernos (aunque ahora estoy encuadernando unas resmas de papel cuadriculado en mi taller para no comprar más cuadernos hechos y así lograr que los que use para el próximo año sean un poco menos descartables que los clásicos Avon universitarios que destiné para este primer ciclo) donde ir tomando notas y resolviendo ejercicios. Compré algunos de los libros que no tenía o que había perdido, siguiendo las bibliografías de cada uno de los programas de las materias que me interesaron especialmente. A eso agregué los temas que me interesa conocer y que no vi en el colegio, como ser taquigrafía, permacultura, anarquismo, impresión tipográfica,.. "Y listo". ¡JA!
El bosque-jo del programa que estoy tratando de seguir por las tardes y fines de semana, entonces, quedó más o menos así:

Castellano y Literatura - Sigo los libros Escribir en español de María Marta García Negroni y Lengua I y Lengua II  de Ofelia Kovacci.
El objetivo de leer cincuenta libros por año se inscribe también en esta materia.
Lo mismo el trabajo de corrección de estilo y el de las desgrabaciones.

Educación Física + Educación para la Salud - Ando en bicicleta cuando puedo, empiezo a pensar en cómo mejorar la alimentación, la semana que viene voy a ir a sacar turnos con el dentista y la oculista... El test de Cooper, por el momento, no creo que pueda aprobarlo, eso sí que no...

Francés - Por el momento, en espera.

Geografía + Territorios (+ Permacultura) - Recorreré en bicicleta los barrios, veré cómo es la onda de los mercados de orgánicos y las organizaciones alternativas que encuentre en la ciudad.

Historia - Según el programa de primer año, lo primero que se ve es historia de la Antigüedad, en segundo, Edad Media y Moderna, en tercero, historia de América, en cuarto y en quinto, historia argentina. Resolví saltar a cuarto año, porque me interesa particularmente mi lugar en la historia de este triángulo deforme de acá al borde del mundo. Después veré si los sumerios vinieron antes de los babilonios o si los Anunnaki nos crearon antes que a los reptilianos o en qué año reinó Carlomagno o Pipino el Grande.
Tal vez pueda hacer un camino inverso, arrancar por Argentina y de ahí ir pasando a América, Colón, Marco Polo, San Agustín, Julio César, Homero y de ahí a los dinosaurios y el Big Bang. Tal vez para 2023 llegue a esos temas.

Informática - Es clave retomar un estudio sistemático de este tema. Quiero aprender armado y reparación de PC, pero todavía no averigüé si hay algún curso gratuito que empiece por estos días y que no me ocupe demasiado tiempo aparte del que ya no sé cómo disponer...
Conseguí, eso sí, unas piezas para "tunear" mi vieja/nueva PC: una memoria de 2 GB y un rígido de 320 GB que quedó de la máquina que ya no anda más. Lo mismo una placa de video de 512 MB. Juntando todo eso podría convertir la computadora que heredé de mi amigo R. E. en algo más hubiera sido gamer en 2009, lo cual sería mucho pero mucho logro para mis conocimientos de hardware.

Inglés - Estoy leyendo, gracias a que conseguí el Kindle el año pasado, una buena proporción de libros en este idioma. Ya en el secundario era una meta leer a Tolkien en inglés. Hoy todavía no lo retomé al Profesor en su idioma, pero sí me di el gusto de leer a Terry Pratchett, a Lovecraft, a Poe, a Philip K. Dick... Sí-se-puede, sí-se-puede...

Latín - El año pasado hice los dos primeros niveles de Lengua y Cultura Griegas en Puán. El latín es LA materia cuyo olvido me atormenta en mayor grado. ¡No puede ser que habiendo repasado mil veces las declinaciones y los circunstanciales y los tiempos verbales y las cajitas del análisis sintáctico no haya podido retener más que Quid in tabula uides?! No voy a aceptarlo nunca. Así que volví a comprar los libros de Marta Royo, que perdí con una novia, y me di a la lectura detenida de sus páginas. Nota: En una de las primeras páginas usa "el mismo" como anafórico. ¡Casi muero de odio paraelortográfico!

Matemática - La otra gran deuda. "La pesada herencia" de creer que esta era una materia que no servía para nada.
Acá me ves, tratando de recordar cómo cuernos se prevé cómo será el dibujo de una función cuadrática con sólo saber los valores de a, b y c en la ecuación (x) = ax² + bx + c
No puede ser que no recuerde qué grupo de números era Q, R, N, Z... Cada vez que pienso en esta materia me enojo con mi infinita (casi tan infinita como dividir por cero, jo jo jo) boludez quinceañera.

Música - Retomé en el verano clases de guitarra con mi mejor amigo, L. L. Por el momento las dejé por no tener a mano una guitarra eléctrica, pero otra de las grandes cosas sucedidas en julio fue el reencuentro con G. G., quien fuera mi profesor de guitarra cuando cursaba yo el secundario, que me ofreció prestarme una viola eléctrica... Cuando se resuelva eso, retomaré el estudio de la música. El objetivo es leer partituras, no sacar canciones de Demigod. Bueno, más o menos, tal vez son las dos cosas...

Plástica - Otra deuda, crisis, caos, destrucción de la mente, fue el abandono del arte que me hizo quien soy y que es el dibujar. Dejé de hacerlo cuando la crisis psiquiátrica de 2011, y todavía no retomé el hábito de garabatear siempre que tenga un rato libre y una superficie medianamente plana cerca. Muy mal. El año pasado o el anterior conseguí el libro de Betty Edwards, Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro y casi lo retomo, pero "por h o por b", lo volví a dejar. Tengo siempre a mano lápiz, Rotring, tintas y papeles, pero no sé por qué no puedo volver a hacer mis garabatos.
Otro tema es la encuadernación, donde estoy poniendo mucho de mi potencial artesanal. Tal vez ese concentrar los ojos y las manos en una tarea que antes traducía en dibujos hoy sea encuadernar. Pero un cuaderno, por lindo que sea, no dice demasiado de cómo me siento o de qué estoy pensando, como sí decían los dibujos que tan prolijamente me encargué de eliminar de la faz de la Tierra en durante la destartalación del marote a la que me sometió la vida.

Permacultura - Ya fuera del plan de estudios del colegio, este tema con el que me puse en contacto por primera vez en El Bolsón es ahora el centro de lo que quiero hacer, de lo que pienso y de lo que quiero aprender. Todo lo demás se subordina a estas ideas ahora. En su momento, mi verdad revelada eran los textos de John Kricfalusi. Hoy, la permacultura es el camino, la verdad y la vida.

Política en general + Anarquismo en particular - Otro de los temas en los que empecé a incursionar en 2008, 2009... Infinito, también teorías sobre las cuales basar la vida, sentido de la misma...
Me interesan particularmente la historia de los sistemas políticos, por qué no hay ningún lado donde se viva en un "sistema" anarquista completo. Cómo organizarse. El fin del capitalismo. Trabajo placentero. Amor libre.
Todo esto lo plantearon tipos hace más o menos doscientos años. Doscientos años y más también. Cuando hablo de anarquismo me dicen "es utopía". Seguramente a los que estaban en contra de la esclavitud en el siglo XIX les decían que eran utopistas.

Impresión tipográfica - El oficio este es infinito e inagotable. Pienso en cómo hacer para imprimir con mejor registro, cómo cortar papel de maneras ingeniosas, hasta cómo cuernos hacer para hacer punzones y fundir mis propios tipos o cómo hacer para imprimir de una buena vez un libro entero con tipos. Todo parte de lo mismo.

Taquigrafía - Es la última, pero me interesa retomar esta técnica que me pasaron mis abuelos en un viejo cuaderno de apuntes tomados en un curso hace décadas. Escribir más rápido para tomar apuntes en la facultad o desgrabar audio. O simplemente por el placer de aprender a hacer algo complicado y que si nadie lo aprende quedará en el olvido... La historia de mi vida.


* * *

Ya ni sé qué quería decir cuando empecé a escribir esto hace unas horas. Sé que para mí algo valioso tiene pasar las horas de un sábado tipeando, mientras otros beberán sus licores, disfrutarán de los placeres de la carne o dormirán el sueño de los justos. Yo tipeo bolubolu...

martes, 28 de junio de 2016

Si fuera un tipo normal…

Si fuera un tipo normal, ahora que recién llego a mi casa mi señora me preguntaría, mientras le estaría dando de mamar a un bebito medio no deseado pero querido al fin al mismo tiempo que revolvería un guiso de mondongo: [¿Qué fue de la consecutio temporum de la que alardeaba en otros tiempos?]
—Chuick, ¿qué tal tu día, querido?
Y yo respondería, tirando a un costado la campera, aflojándome la corbata y apoltronándome en el sillón para ver alguna noticia sobre la renuncia de Messi o el precio del morrón, que está como $100 el kilo, será de Dios, adónde iremos a parar:
—Mbueh… Igual que siempre, vieja.
Por suerte no, por suerte no... me digo... ¿Por suerte no? ¿Por suerte qué? ¿De qué estoy hablando?
Por suerte llego, dejo la mochila en la pieza, la campera en un ganchito y la que mira la tele es mi hermana, que está viendo alguna noticia sobre la renuncia de Messi o el precio del morrón, que está como $100 el kilo, será de Dios, adónde iremos a parar y le pido que apague la tele o me deje cambiar y me dice:
—Cambiá.
Y cuando entro a Netflix y pongo Los Borgia me dice:
—Ah, no, pensé que no ibas a poner algo así, para eso pongo The Following. Quería tener de fondo la tele, nomás.
Lo saco y le digo:
—Bueno, calate esta…
Y pongo la película Internet's Own Boy, el documental sobre Aaron Swartz. Atino a ver el epígrafe con la cita de Thoreau:
Unjust laws exist;
shall we be content to obey them,
or shall we endeavor to amend them
and obey them until we have succeeded,
or shall we transgress them at once?
Empiezo a sonreírle a la pantalla, porque si tuviera alguien a quien contarle cómo estuvo mi día le contaría que hoy precisamente estuve hablando (entre otras tantas cosas, pues charlamos durante casi dos horas) de Thoreau con una profesora de la facultad.
Y mi hermana me dice:
—¿Una película?, ¡menos!, si ahora a las nueve y media [eran las 20:40] empieza [Educando a] Nina…


En mi mente aparece el viejo y querido emoticon (que no emoji) de los chats y foros que se preciaban:

¬¬

Así que salgo de Netflix, guardo las galletitas Criollitas y el leberwurst que estaba merendado y me vengo a encerrar a mi cuevita, a mi pupa: mi pieza. Prendo la computadora (¡Tengo computadora con Internet en mi pieza, gracias a los dioses del submundo!) y me pongo a revisar el Facebook y el mail y demás huevadas, y me digo:
—Anoche escribí aquello en el blog… Llegó la hora.
Así que acá estoy, escribo esta megabolubolu sin pies ni cabeza.

Si tuviera alguien a quien contarle cómo fue mi día, pues le diría que me desperté a las ocho pero me quedé dando vueltas y me levanté medio tarde, tipo diez, amodorrado, me vestí, no desayuné y salí al frío, me tomé el 55 en Warnes y Gurruchaga y llegué a Puán tipo diez y media, me tomé un capuccino con una bola de fraile rellena de crema pastelera mientras leía una de las entrevistas registradas en el librito Conversaciones ante la máquina, tras lo cual fui a la última clase del cuatrimestre para enterarme de por qué anoche no hubo clase teórica y de que promocioné Edición Electrónica y Multimedia (descubrí al repasar el plan de estudios que me falta cursar cuatro materias y listo) porque el TP grupal que entregué la semana pasada "cagando aceite" nos hizo merecedores de la (alevosa) calificación de un nueve (9). Terminada la clase, que no fue clase sino una charla sobre la cursada, sobre las rencillas y rencores entre los docentes de Edición, me quedé charlando con la profesora sobre el Sur, sobre Thoreau, como decía antes, sobre el sentido de la vida, sin ir más lejos. Salí de Puán rumbo al taller. Me tomé el 26 (El conductor se puso la gorra: desde la esquina de Emilio Mitre y Rivadavia (yo estaba sobre Rivadavia porque me equivoqué al salir y fui para esa avenida) vi que venía y que como el semáforo se puso en rojo la marea automotriz lo detuvo a escasos diez metros después de haber dejado la última parada sobre Mitre, con lo que apuré el paso para acercarme y hacerle señas para que me abriera. Se hizo el que miraba para otro lado, pero yo me di cuenta de que ya me había visto. Después de hacerle más gestos, consintió en abrir la puerta y dejarme subir para decirme «la parada es allá atrás, este no es el último colectivo que va a pasar»… Diez metros después de la parada y con el semáforo impidiéndote pasar te pedí que me abrieras. Hacía frío. Sos una caquita, loco, pensaba. Pero le dije «Perdón, no sé qué decir».). Intenté dejar de lado el mal momento y volví a mi libro, que gracias al Cielo conseguí asiento por el fondo, ajeno a todo reclamo de embarazada, madre con niño o vieja cara de nalga. El libro este de las Conversaciones ante la máquina «se deja leer». Son charlas que se dieron en el programa La mar en coche de la radio La Tribu entre 2012 y 2015, más o menos. Sobre todos los temas importantes de estos años. Neoliberalismo, militarización de Rosario, el paco, Martínez Estrada, los 43 de Ayotzinapa, el final del kirchnerismo, etc., etc., etc. Todos los textos hablan sobre la cuestión que me atormenta y me preocupa desde hace unos cuantos años: la pregunta acerca de cuál es «la manera de vivir». (No sé si todos los textos, pero recuerdo que cada cuatro o cinco páginas subrayo "modo de vida", "manera de vivir", "manera de existir" o algo por el estilo)… Llegué al taller tipo dos de la tarde, encendí la computadora, puse en el iTunes todos los discos de estudio de Morbid Angel y me di a la tarea de encuadernar hasta las siete y media, ocho, momentos en que empecé a cometer errores de cálculo y corté unos papeles vinílicos con un ancho de casi diez centímetros más chico de lo que necesitaba. Lavé el pincel y el rodillo. Apagué la computadora, saqué el libro de la mochila y cerré. Me tomé el 24, conseguí mágicamente asiento y me vine leyendo otra entrevista, hasta que me di cuenta de que me pasé, aunque sólo me bajé una cuadra más lejos de lo que esperaba, porque el 24 tiene parada en Scalabrini y Murillo y apenas dobla para de nuevo, en Malabia y Warnes. Ahí entré al departamentito de Acevedo y Murillo donde vivo con mis padres y mi hermana, agarré un poco de leberwurst que quedaba en la heladera y unas Criollitas y entré a mandarme untaditas mientras le preguntaba si podía sacar el noticiero de Telefé.

Fin.

sábado, 19 de marzo de 2016

¿Metal para todos y todas y todes? No, metal para nadie más que para mí; o, De la metalureidad

Dice una nota que encontré por ahí:
Ni al aprobar la última materia del CBC, ni al entrar por primera vez en el edificio sito en Puán 480, ni al acceder al flamante campus virtual que, entre otras cosas, permite la inscripción online. No. Sucede en el momento exacto en que se experimenta la asociación, la relación de igualdad entre “ostranenie” (vocablo enigmático y pegajoso) y la palabra “extrañamiento”. Recién ahí se tiene la revelación: el novato acaba de ingresar en la carrera de Letras. Recién ahí se empieza a manifestar, según cada quién, una novedosa predisposición, otra perspectiva, una apertura o una flamante enfermedad. Ese es el génesis, el viaje de ida, el comienzo de todo: el extrañamiento o la idea de que lo que vuelve literaria a la literatura es, básicamente, su poder de descolocar, sorprender, volver extraño —con una palabra, una atmósfera o una comparación— lo cotidiano.
Quoth Wikipedia (en la entrada sobre la literatura):
A comienzos del siglo XX, el formalismo ruso se interesa por el fenómeno literario, e indaga sobre los rasgos que definen y caracterizan dichos textos literarios, es decir, sobre la literaturidad de la obra.
Las wikipedias del futuro dirán:
A comienzos del siglo XXI el fernandojoseladislaísmo protopatagónico se intelectualoideíza y se interesa por describir con palabras el fenómeno musical del heavy metal y sus derivados, al que empezó a estudiar informalmente desde finales de la década de 1990 sin producir en esas épocas más que la propia experiencia íntima del escuchar estos ritmos en su walkman o reproductor de mp3. No obstante haber llegado unos sesenta años tarde a «la movida» y no haber asistido a más que a un puñado de recitales del género, lo que nos lega esta pantomima de una corriente de pseudopensamiento es un concepto, claramente afanado de los rusos, para referirse a esos escalofríos y esa sensación de que es imperiosa la destrucción del Universo que produce esta música repugnante: el concepto de metalureidad. Dijo alguna vez su fundador: «Lo que define al metal es un poco complicado de poner en palabras. Sería algo así, grosso modo: Si no hace llorar a los niños, si no hace que tus padres se pregunten en qué se equivocaron al criarte, si no hace que tu abuela se enoje, entonces no es metal [o sea, “si no hace esas cosas, pues carece de metalureidad”]».

jueves, 3 de marzo de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo IX - «Heat» + Por qué no soy kirchnerista

Esta vez vengo más reflexivo, más sincero, más preocupado por la verdad verdadera… Bueno, tal vez no. Pero vengo más «alta la vara» que al hablar de Deadpool, eso sin dudas.
La idea de tener un blog siempre estuvo relacionada con la de escribir (¿en serio?), con la idea de jugar a «ser escritor», quiero decir. Hace unos días me burlaba de un libro (Es mi tipo, de Simon Garfield, un libro sobre tipografía que me regalaron para Navidad en ocasión de mi dedicación actual, la de montar un taller de impresión tipográfica) diciendo que estaba redactado de un modo muy «periodístico». «Periodístico», dije, porque es un libro escrito de manera muy superficial, lleno de capítulos muy breves que se limitan a contar anécdotas y que reproducen opiniones muy marcadas de distintos «referentes» del mundillo del diseño gráfico con el fin de despertar una controversia o de que uno tome partido frente a tal o cual familia tipográfica. En general, está redactado con un nivel pasable, leíble pero «literariamente» flojo. Muy introductorio.
Pero mi manera de escribir para el blog («pero» si es que mi manera de escribir el blog tenía alguna pretensión literaria y si hay algo negativo en la escritura periodística en sí, si hay algo «inferior» en el periodismo si se lo enfrenta a lo «alto» de la literatura…), ¿acaso no se podría encuadrar precisamente en esa categoría de «periodístico por lo flojo que considero al texto periodístico en general» que le achaqué al libro? Siempre escribo breve, sin muchas pretensiones más que las de entretenerme yo mismo (vamos, que, si realmente alguien aparte de mí lee esto, no he tenido ni una repercusión real), me aferro a los efectos que producen las anécdotas, aprovecho los modestísimos dos o tres recursos que «me caracterizan» y que a mí me causan gracia, pero que al hipotético lector deben aburrir o confundir, etc.
Volviendo a la definición de «periodístico». «¡Vamos, no es peyorativo, es la verdad!», pienso. Y es que en mi experiencia suele ser así. El texto periodístico da una breve información sobre algo que se desarrolla más profusamente en un libro, en una película o en un disco, ¿o no? Parto de pensar en las revistas y periódicos que leo ahora, a saber: el periódico MU, Crisis, la NAN. En esos textos siempre uno queda tentado de seguir profundizando mediante la lectura de libros que apenas se mencionan o se resumen en las notas, o se entera de algo gracias a lo cual se arma una idea superficial o introductoria, pero que, o no despierta más interés en uno o, el tiempo es finito y leer cuesta además dinero, uno no puede seguir informándose sobre todos los temas de los que escucha o lee algo.
En conclusión, un texto periodístico es introductorio por MI definición. Eso no le quita mérito ni calidad.

Bueno, no era sobre eso sobre lo que quería escribir en primera instancia. (¡Ja!)
El tema N.º 1) vendría siendo la película Heat, también llamada Fuego contra fuego, de Michael Mann.
Me encontré el miércoles 2 de marzo, o sea, ayer, por primera vez en mi taller con mi amigo de Edición, L. L., y entre mates y alfajores nos ametrallamos con referencias a libros, a discos y a películas, como suele suceder cuando nos juntamos. Me recomendó esta de acción, de Al Pacino y Robert De Niro (más confundibles que nunca, que no puedo retener nunca cuál es cuál: el Taxi Driver es Pacino, el de el Padrino es De Niro; ah, no, perate, es al revés… ¡Demonios! ¡Y encima están juntos! Casi se autodevora mi corteza cerebral intentando retener cuál era el "bueno" y cuál el "malo".). Es buena. Puro ritmo, pero bien de Hollywood, que ganan los buenos y pierden los malos, y «el crimen no paga».
El tema N.º 2) se desprende de mi reflexlión ante este mirar películas tan «del sistema»: Hace meses que me empecé a bajar películas de Tarkovsky y, obvio, todavía no las vi.
Hoy el tema empezó a resonar cuando me compré el nuevo número del periódico MU y me encontré con una entrevista a un director de cine argentino independiente (Mariano Llinás) que, a pesar de lo pretencioso y rayano con lo snob de su discurso, me resuena, porque habla de la preocupación por la parte artística de las cosas. Y, tengo que reconocerlo, aunque trate de ocultarla entre tanto «arte» de la «industria cultural» que vengo consumiendo, mi preocupación por la parte más artística de las cosas late ahí abajo de todo.
Y aparte me resonó porque dice exactamente lo que me pasó con el kirchnerismo.
Cito (página 18 del vínculo):
Alguna vez te definiste como una persona de izquierda. ¿Qué significa eso hoy?
En uno de sus films de ensayo, Chris Marker sentencia que ama los gatos porque nunca están del lado del poder. Es una idea reveladora, y yo creo con firmeza que ser de izquierda es eso: una postura del espíritu que nos hace temerle al poder de cualquier tipo y tenerle antipatía. Aunque suene extemporáneo, creo que el poder y el dinero son necesariamente malvados, y que la vida es mejor teniendo a bastante distancia a esos malos espíritus. En ese sentido, hay que decir que los años kirchneristas fueron muy difíciles para las personas de izquierda. Muchos con los cuales uno creía compartir pensamientos y percepciones comenzaron a aceptar como válido un discurso permisivo con el poder, con argumentos del tipo «Hay que tener poder para cambiar las cosas», o «el enemigo es tan grande que uno debe tomar partido y perdonar ciertas cuestiones» que, según creo, deberían resultar inadmisibles para cualquier persona con un mínimo de espíritu libertario. Creo firmemente que los cambios no se hacen desde el poder, sino que se gestan al margen del poder y desde allí ejercen una presión más o menos exitosa, más o menos inmediata, más o menos manifiesta. Los cambios se hacen a pesar del poder, desde la fuerza insurrecta de los pensamientos marginales. En ese sentido, ver a tantas personas que uno consideraba aliadas declararle su amor al Presidente, y entregarse ciegamente al fervor de la barbarie enérgica y de la propaganda, y ser [nosotros] acusados de neoliberales y oligarcas por no sumarnos a la fiesta no fue, hay que decirlo, la mejor de las experiencias.
Yo sé que perdí al menos un amigo precisamente por esto que no me banco de hacerse un adorador de líderes y sé que cada vez que prendo la radio o leo un diario o abro el maldito Facebook y veo tanto del «yo no lo voté (a Macri)» o «esto pasa por votar con el orto» (dando por sentado que con Scioli —¡Scioli, el que ascendió con Menem, el aparato ese, el pechofrío ese, con él!— todo iba a ser verdadera felicidad) me siento solo, muy solo, porque, como dice ahí, los que se podían sentir «del palo» junto a uno ahora están escribiendo «¡Volveremos!».

Al final no me salió tan largo.
Pero me hace sufrir mucho todo esto.

jueves, 18 de febrero de 2016

La biblia satánica

Hace rato que vengo buscando mitos, ideas y filosofías que orienten un poco la manera de vivir de uno. Me escapé del catolicismo desde chico y me encontré con el agnosticismo, el ateísmo, de ahí pasé a la permacultura, los mitos griegos, el ningunismo, el budismo, el anarquismo, el trascendentalismo de Thoreau... No me casé con ninguna religión o ideología por completo, por el momento. Me limito a tomar de ellas lo que me conviene o me gusta en el momento en que las conozco. Una suerte de promiscuidad espiritual; nada muy revolucionario en esta época de adolescencia interminable.
Tal vez funde formalmente el fernandojoseladislaísmo, de una vez.

Hace rato que tenía una vaga, vaguísima, idea de qué era el satanismo por lo que me llegaba de rebote con las tapas y las letras de los discos de heavy metal que escucho desde hace años. Pero la verdad es que apenas conocía el emblema de Baphomet (el pentagrama con la cara del macho cabrío; ver imagen) y temas que hablan sobre misas negras, cruces invertidas, etc.

Como me parecía que tendría que profundizar un poco sobre el tema, y dispongo de un kindle, pues busqué un poco en Wikipedia sobre Anton Szandor LaVey, estadounidense fundador de la Iglesia Satánica, bajé su obra magna, La biblia satánica, y la leí. Por el momento, me parece muy simpática. Propone una religión que se basa en el egoísmo, en respuesta a la hipocresía de las religiones altruistas. Por ejemplo, invierte la "regla de oro" de "Trata a los demás como quisieras que te trataran a ti" por "Trata a los demás como ellos te traten a ti". Sugiere que cada uno arme su propia religión, y que, si uno se sincera, se da cuenta de que eso es realmente lo que uno tiende a hacer. Etc.

En la edición que tengo, después de la biblia en sí vienen unos textos varios publicados por el autor antes y después de la publicación de la biblia. Uno que me pareció particularmente entretenido fue este (tomado de este enlace):

THE WORLD’S MOST POWERFUL RELIGION
by Anton Szandor LaVey
(Originally appeared in The Cloven Hoof, Issue #127, Year XXXI A.S.)

Religion is the most important thing in a person’s life. If electric trains are the most pervasive thing in one’s life, that is his religion. Anything can be a religion if it means a lot. If your present religion isn’t the most important thing in your life, then skip it. Find whatever impels you most and make that your religion.

Religions are easy to invent. Most traditional religions have little or nothing to do with reality, are dependent on obfuscation, interpretation, guilt, and unreasoning faith—some more than others. Since Satanism is essentially a religion of the self, it holds that the individual and his personal needs comes first. If that means playing with trains or spike-heeled shoes or singing in the bathtub, those are its sacraments and devotions. Taking inventory of old comic books is counting beads on a rosary, each book being a station of the cross.

Before I codified Satanism, thus enabling me to integrate everything of a personal meaning into a suitable forum, I first considered the religion of Dogism. The belief system made sense, but was too limiting. Dogism holds that if you can’t eat it, and you can’t fuck it; piss on it. Much as I respect dogs and their gods, I could relate more to Catism, the principle religion of cats. The Five Commandments of Catism are:

(1) Don’t run, if you can walk.
(2) Don’t walk, if you can stand.
(3) Don’t stand, if you can sit.
(4) Don’t sit, if you can lie down, and
(5) Don’t stay awake, if you can take a nap.

Catism counsels: “He who sleeps the day away / lives to sleep another day,” or, “Respect the friend who brings your food, for he has been your choice / Or go and catch it for yourself, and have a louder voice,” and other such homilies.

lunes, 8 de febrero de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo VII - Cine sobre la infancia

—Contexto—
Hablando con conocidos sobre la idea de ver The Revenant, me puse a recordar películas que me gustaron mucho y me encontré con que unas de las que más «me pueden» son las que tratan sobre la infancia. [Todavía no vi Boyhood.]
Cuando era chico empecé a verlas y ayer recordaba que son las que, de las que me gustan, que suelen estar bien desordenadas, estas entran claramente en un grupo y las adoro sin mucho criterio más que ese: pintan a los niños de una manera que a mí me gusta, nada más.

Empezamos a armar una lista, completamente desordenada(, como a mí me gusta):

- Motorama
- Little Man Tate
- Empire of the Sun
- Stand by Me
- El espinazo del diablo
- La infancia de Iván

Quiero poner Tideland de Terry Gilliam, porque adoro a Terry Gilliam, pero no sé. No es tal cual. Quizá porque el personaje principal, a pesar de que está en la infancia es niña, o porque me molestan otras cosas de la película. No sé.

¡Saludos, nada más y hasta la próxima, amiguitos!

Agrego:

- Moonrise Kingdom

domingo, 31 de enero de 2016

El metal II - Gracias a los logos

Nunca me había pasado (creo que nunca me había pasado; al menos no recuerdo que me haya pasado: siempre —en mi primera etapa metalera, digamos, desde los catorce años hasta los veinte más o menos— escuché bandas nuevas por recomendaciones de amigos o por revistas sobre música), pero hace un par de meses empecé a escuchar un par de bandas sencillamente por su logotipo.
No por su género, ni por los nombres de sus discos o sus artes de tapa, sólo por el dibujo que (de)forma su nombre, que a primera vista no permite ni leer qué quiere decir.
Esto pasó porque tuve la genial idea de hacerme remeras con logos de bandas en lugar de comprarlas. Porque así hacemos las cosas. O complicadas o no se hacen.

En la búsqueda me encontré con esta entrevista al diseñador de logos Christophe Szpajdel, que hizo el de Emperor, para empezar…


Le preguntan por los logos que diseñó, por cómo es el proceso de crearlos, etc. Y en un momento le preguntan qué logos le hubiera gustado diseñar: Dragged into Sunlight, dice.
Y ahí conocí por primera vez una banda sólo por su logo. Este:


Y me gustó la banda. El primer tema del primer LP que sacaron tiene un audio con la voz de Charles Manson [por el momento, en todos los discos que sacaron, esta banda recurre a poner audios de asesinos seriales, nada demasiado nuevo, como remarcan varias reseñas sobre sus discos, pero para uno, que conoce asesinos seriales ficticios por Criminal Minds, El silencio de los inocentes, Dexter y tal, encontrarse con tipos ¡de verdad! hablando sobre lo que hicieron y lo que pensaban es estremecedor] tomado de no sé qué grabación de lo que dijera. Y así, sacado de contexto, me parece bastante lúcido lo que dice, qué querés que le haga:

They are sneaking in the county jail
Looking under the door to see if the man is there
Sneaking like little children out of town
Sneaking
Sneaking all around the courthouse
Sneaking in and out of the ventilators
Sneaking everywhere
Everything is sneaky up around Sneaky Ville
Everything we have to do to get to the truth has to be sneaky
It seems a shame to sneak to get to the truth
To make the truth such an evil dirty old nasty thing
You got to sneak to get to the truth
The truth is condemned
The truth is in the gas chamber
The truth has been in your stockyards
Your slaughterhouses
The truth has been in your reservations
Building your railroads
Emptying your garbage
The truth is in your ghettos
In your jails
In your young love
Not in your courts, or your congress, or the old sit judge man on the young
What the hell do the old know about the young?
They put a picture of Old George on the dollar and tell you that he is your father, worship him
Look at the madness that goes on, you can’t prove anything that happened yesterday
Now, the only thing that’s real
You can try to prove that Columbus sail on an ocean
But it’s not the same ocean, it’s a different ocean, it’s a different world
Everyday
Every reality
Is a new reality
Every new reality is a new horizon
A brand new experience of living
I got a note last night from a friend of mine
He rise in his note of what he might have to do in order to save his reality
As I save mine
You can’t prove anything!
There is nothing to prove!
Every man judges himself
He knows what he is
You know what you are
As I know what I am
We all know what we are
Nobody can stand in judgment
They can play like they are standing in judgment
Then take you off and control the masses
With your human body
And they can lock you up in the penitentiaries, and cages, and put you on crosses like they did in the past
But it doesn’t amount to anything
What they’re doing is, they’re only persecuting a reflection of themselves
They’re persecuting what they can’t stand to look at in themselves
The truth
The cant stand to look at the truth in themselves
They persecute themselves
They are butchering themselves every time they go on the freeway
They hate themselves
Look at the signs, “Stop”, “Go”, “Turn here”, “Turn there”, “You cant do this”, “You cant do that”, “You cant, you cant, you cant”, “This is illegal”, “That’s illegal”, “Everything’s illegal”
The priest used to watch over the people
Now they are watching the people
The president does not represent the people, he should be on the roadside picking up his children, but he isn’t
He is in the white house, sending them off to war
And you’re saying I have to pay for this again?
And again and again I’ve got to pay for your sins
How many times have I got to pay for your sins?
I’m getting tired
I’m getting tired

The people you call my family were people that you didn’t want
Children that were along side the road that their parents had kicked out
So I took ‘em to my garbage dump and fed ‘em and taught ‘em that in love there is no wrong
Everything they’ve done they’ve done for the love of brother

Qué querés que te diga, decía; no hay una conclusión muy clara para este post poco claro, que no sé si habla de Manson o de los logos, al final: para mí el metal es eso: asusta a las viejas, hace llorar a los niños, molesta a los hermanos y vecinos; si no, no es metal.

Otro logo que me pareció muy bueno por lo claro que se lee el nombre sin perder la forma simétrica y de pinches típica, aparte de las gotas de sangre, es el de Whore of Bethlehem:


Besis.

domingo, 24 de enero de 2016

El metal I - Soledad melómana

Hace unos días leí en el muro de Facebook de un amigo un comentario de un sabio filósofo y poeta en el que llamaba «DEVIL MENTAL» (así, todo en mayúsculas) al heavy metal. Seguramente se creía muy pillo por haber inventado un juego de palabras tan elaborado, tan incisivo.

Consiguió hacerme pensar un poco sobre el metal, eso sí. Es la música que escucho desde los trece años, si mal no calculo, cuando entré al colegio secundario en 1997. «La que me define», se diría.

Desde que a mediados de 2015 empecé a pasar la mayor parte del día solo en el taller [de encuadernación e impresión (Escuadrón Guillemet)], acompañado por mi viejo celular con su memoria SD de 2 GB llena de mp3, estoy escuchando más metal que nunca, que empecé desde 2012/2013, después de la internación, a «sacarle el jugo» a la computadora para orientar las búsquedas de música gracias a Metal Archives.
Esta sería mi segunda gran época de escuchar metal(, se diría).

Y me estoy encontrando con que me gustaría compartir con alguien, como mínimo una persona, los botines que estoy atesorando de mis incursiones en Metal Tracker o RockBox, pero la verdad es que cada vez tengo menos ganas de hacerme amigo de los metaleros que conozco. (¿Debería uno acercarse a la gente por compartir gustos? ¡Así fue como hice la mayor parte de mis amigos [de carne y hueso, con los que hablo en persona] más entrañables!, al menos eso me parece).

O bien yo no entiendo lo que quieren decir los discos que escucho, no soy la persona que los músicos esperan que escuchen esos sonidos; o bien los metaleros que conozco no entienden lo que yo entiendo de los discos que yo escucho.

Es que yo también… No me gusta ir a recitales, es verdad, ahí podría conocer a alguien; no voy a rockerías porque me pirateo todo lo que escucho desde hace más de diez años; recién ahora estoy empezando a tener ganas de ponerme remeras con logos de bandas después de casi quince años de no hacerlo (en primer año del colegio tenía una de A.N.I.M.A.L. y una de Korn y pará de contar). Y, lo crucial, las bandas que me parten la cabeza no son las más populares, realmente.

¿Dónde están los que escuchan death metal viejo (Entombed, Dismember, At the Gates, Grave, Unleashed, Pestilence, Obituary, Morbid Angel, Cannibal Corpse, Incantation, Cryptopsy) o el nuevo (Cattle Decapitation, Psycroptic, Dead Congregation, Morbus Chron, Dragged into Sunlight, Grime), que se preguntan como yo cuánto falta para que se acabe la humanidad, que se divierten con estos ritmos y gruñidos?

Es que soy gil. Por ejemplo, el otro día estaba esperando el colectivo y apareció una flaca con una remera de Hell Hammer (!!!!!!), la banda que tenía el cantante de Celtic Frost y hoy Triptykon, antes de formar Celtic Frost, y ¿qué hice?, dejé que se fuera sin siquiera… ¿qué podría haber hecho? Sin siquiera hacer los cuernitos en señal de ¿camaradería?

No sé. Es metal, es la música que te muestra cómo suena el infierno, la banda de sonido para el fin de los tiempos, hecha para el que se entretiene con todo lo que no entiende de la experiencia de ser humano, para el masticador de lo más oscuro que pueda imaginar la mente humana, música para locos que escapan de la realidad para enfrentar la realidad más cruda, para «explorar la frontera de lo irreal».
Prefiero la lluvia antes que el sol, el invierno antes que el verano, la montaña antes que la playa, el bosque antes que la ciudad, lo del costado, lo no-humano.

Me gustaría poder decir «somos» los carroñeros de esta cosa podrida pero tan rica, al menos con una persona más.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Libros digitales

Hace poco conseguí un kindle®, y al poco tiempo encontré un par de maneras de conseguir libros digitales en formatos compatibles con e-readers y tablets (principalmente ¡pirateados!, ¡qué chancho!), maneras bastante mejores que las que usaba antes, que descargaba .doc o .pdf y trataba de leerlos del monitor (puaj).

Empecé con los sitios de descarga de torrents (kickass.to, torrentz.eu, etc.), que son buenos especialmente para películas, series y música, juegos y programas, sí, pero que, a mi entender, con el tema ebooks se quedan un poco flojos. Es complicado encontrar un libro suelto, suelen subir bundles con un par de miles de libros (y andá a encontrar el que querés), o muchos de los libros que busqué sólo aparecen como audiolibros.
Y prácticamente todos están en inglés, si eso es un problema. (Quizá no. Personalmente, me gusta leer libros en inglés si están escritos originalmente en inglés, pero el problema es que por esos sitios encontrar un libro cuyo idioma original sea el español y que estén en español… ahí sí, eso sí que es un problema.)

Soluciones

 A la pipeta

1) Para descargar libros en inglés

 A la pipeta

a) En el dominio público

A la pipeta
- El proyecto Gutenberg
El sitio para descargar libros clásicos digitalizados.
Los entregan en múltiples formatos (.mobi, .epub, .html, .txt, audiolibros, etc.).
Hay mayoría en inglés, pero encontrás algunos en español, francés, italiano…

- Biblioteca digital de la Universidad de Adelaide, de Australia
Similar al Gutenberg, incluso tienen algunos libros en su catálogo que sencillamente linkean a los de Gutenberg, pero hay muchos más que no están en ese otro sitio.
A la pipeta

b) Pirateados

A la pipeta
- Guía para descargar libros con mIRC
Usando mIRC u otro servicio de chat IRC se pueden conseguir las novedades (y antigüedades) de habla inglesa en un tris.
No debe ser tan complicado encontrar en otros idiomas, pero por el momento me engolosiné con conseguir todo lo que se me ocurre buscar de ciencia ficción, por ejemplo.
A la pipeta

2) Para descargar libros en español

A la pipeta

a) Pirateados (con mucho amor y poco Scioli)

A la pipeta
- ePub Libre
Una comunidad de editores amateur haciendo historia: digitalizan libros en papel y los pasan a .epub, con una calidad de "alta" para arriba. Gente que lee el libro que está editando. Ya es más que lo que hacen ciertas "so called editoriales".

-Torrent con 6000 y pico de libros

Creo que eso sería todo por ahora. Salud.

domingo, 19 de julio de 2015

El budismo, Hermann Hesse y tal

Hace unos años usaba el blog —y un par de años antes, los foros— para escribir lo que me pasaba por la cabeza. Comentarios sobre lo que estaba leyendo, principalmente. Comentarios sobre lo que pensaba, tratando de descular alguna historia que me partía la cabeza en ese entonces. Diálogos medio «solilóquicos» con otros foreros y blogueros en los que me explayaba sobre lo que me atormentaba o sobre aquello de lo que estaba disfrutando en cierto momento.
Por un tiempo, dejé de hacerlo.
Hace un par de años, limité escritos en ese tono a cuadernos de papel que guardo no sé bien para qué. Pero el blog es distinto. Porque esos cuadernos no los va a leer nadie más que yo, algún psicólogo que me atienda y quizá mi madre cuando yo muera, si es que ella me sobrevive.
Esto no es así. Esto es explosivo. Esto es por lo que murió gente en otras épocas no tan lejanas: escribir algo y que otros lo lean.
Mi maestro de tipografía dice que la imprenta es un arma. La imprenta sería un revólver si se la compara con la espada que era la pluma.
Internet sería algo así como una bomba atómica.
Y es más que una bomba atómica: Esto lo puede leer un flaco en Italia, otro en Nueva Zelanda, una flaca de Chad… En cualquier momento. Si no lo borro, pueden pasar años hasta que alguien esté buscando la biografía de Hesse o quiera comprar un Kindle y le aparezca este mensaje en su lista de resultados de Google.
Es poderoso.

*  *  *

Hace un par de horas —antes de emitir mi sufragio «derrotista y careta» para el próximo jefe de gobierno de mi ciudad—, terminé de leer Siddharta, de Hermann Hesse [libro descargado hace unos días de ePub Libre, un sitio impresionante que descubrí no hace mucho y el cual empecé a usufructuar hace un par de meses con motivo de la compra de un Kindle® (Keyboard WiFi de pantalla de 6 pulgadas, con 3 GB de espacio —como para un par de miles de libros—, usado pero como nuevo, etc.: mi juguete nuevo, un cambiavidas, un parteaguas, un quemacocos {por ejemplo, descargué con un torrent la bibliografía de Philip K. Dick completa en diez minutos. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Bueno: la bibliografía completa de Bradbury, tal vez, o la de Ballard… que también se pueden encontrar por ahí. ¡Dioses! <Aprendí a usar mIRC para descargar libros en inglés, también. La baba.>})].
Siddharta, decía.
Es un libro de Hesse publicado en 1922.
Narra la vida de un tal Siddharta que vive en la India en los tiempos del otro Siddharta, el famoso, Siddharta Gautama, Shakyamuni, EL Buda. O sea, es la historia de un tocayo del Buda histórico que vive en su misma época e incluso lo conoce en persona en el libro. Este Siddharta también alcanzará la iluminación, pero por un camino distinto al del Buda, y sin abrazar su doctrina, sino siguiendo su propio destino.
[Redacción con estilo «contratapa de una edición de veinte pesos».]

Hace unos días hablaba en el colectivo con mi amiga y socia sobre el budismo, que hace un par de años empecé a practicarlo con bastante asiduidad, y le comentaba que la cosa no venía siendo así en el último tiempo.
Y gracias a esa conversación —y a otras circunstancias que no vienen al caso, también—, me reencontré con estas ideas.
Es muy grande para una entrada de un blog, quizá; blog que no lee ni mi madre, en estos tiempos, pero sea, lo digo: hay una extraña tensión, incomodidad, una serie de dudas y contradicciones en el hecho de que alguien como yo —que desde los diez años, después de la primera comunión, rechazó la idea de Dios y de todo lo que tuviera que ver con una religión organizada y se hizo decididamente anti-religioso— se encuentre con que hay una religión que, para empezar, no tiene Dios y que, además, propone un sistema para equilibrarse, ordenarse, automejorarse, comprender el mundo, relacionarse de cierta forma con las personas, completamente distinto a lo que por sus prejuicios de la infancia y rencores de la adolescencia esperaba de una religión. Sistema que vino a servirle a uno de sostén en un mal momento —si no el peor de la vida— y que cuando se lo enfrenta, después de un tiempo de dejarlo un poco de lado, con uno ya repuesto de aquel mal momento, asusta por lo poderoso que lo hace sentir.

Para muestras, no basta sino que más bien sobra un botón (de pánico) [es del último capítulo del libro: SPOILER ALERT]:
    […] —Antes de continuar mi camino, Siddharta, permíteme una pregunta. ¿Tienes una doctrina? ¿Tienes una fe o una creencia que sigues, que te ayuda a vivir y a obrar bien?
     Siddharta declaró:
     —Tú ya sabes, amigo, que de joven, cuando vivía con los ascetas, en el bosque, llegué a creer que debía desconfiar de las doctrinas y los profesores, y darles la espalda. No he cambiado de opinión.
     »No obstante, he tenido muchos otros maestros desde entonces. Incluso una bella cortesana fue mi instructora por un largo tiempo, así como un rico comerciante y unos jugadores de dados. También lo ha sido en una ocasión un discípulo de Buda; estaba sentado a mi lado, en el bosque, cuando yo me había adormecido en mi peregrinar. También aprendí de él, y le estoy agradecido, de veras. Sin embargo, de quien aprendí más fue de este río y de mi antecesor, el barquero Vasudeva. Era una persona muy sencilla; no se trataba de ningún filósofo, y sin embargo, sabía tanto como Gotama: era perfecto, un santo.
     Govinda exclamó:
     —¡Me parece, Siddharta, que todavía te gusta la burla! Te creo y sé que no has seguido a ningún profesor. ¿Pero, acaso no has encontrado tú mismo esta doctrina, con algunos razonamientos o conocimientos tuyos, que te ayuden a vivir? Si quisieras decirme alguna de esas teorías, alegrarías mi corazón.
     Siddharta repuso:
     —He tenido ideas, sí, e incluso razonamientos de vez en cuando. En alguna ocasión he creído sentir en mí cómo se percibe la vida en el corazón, pero tan sólo por una hora o un día. Eran muchas las ideas, y me sería difícil comunicártelas. Mira, Govinda, esta es una de las cuestiones que he descubierto: la sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un erudito intenta comunicar, siempre suena a simpleza.
     —¿Bromeas? —inquirió Govinda.
     —No. Digo lo que he encontrado. El saber es comunicable, pero la sabiduría no. No se la puede hallar, pero se la puede vivir, nos sostiene, hace milagros: pero nunca se la puede explicar ni enseñar. Esto era lo que ya de joven pretendía, y lo que me apartó de los profesores.
     »He encontrado otra idea que tú, Govinda, seguramente tomarás por broma o chifladura, pero, en realidad, se trata de mi mejor pensamiento. Es este: ¡Lo contrario a cada verdad es igual de auténtico! O sea: una verdad sólo se puede pronunciar y expresar con palabras si es unilateral. Y unilateral es todo lo que se puede expresar con pensamientos y declarar con palabras; todo lo unilateral, todo lo mediocre, todo lo que carece de integridad, de redondez, de unidad.
     »Cuando el venerable Gotama enseñaba el mundo por medio de palabras, lo tenía que dividir en samsara y nirvana en ilusión y verdad, en sufrimiento y redención. No es posible otra forma para el que desea enseñar. No obstante, el mundo mismo, lo que existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral. Jamás un hombre o un hecho es del todo samsara o del todo nirvana, nunca un ser es completamente santo o pecador. Nos parece que es así porque nos hacemos la ilusión de que el tiempo es algo real. Y el tiempo no es real, Govinda, lo he experimentado muchísimas veces. Y si el tiempo no es real, también el lapso que parece existir entre el mundo y la eternidad, entre el sufrimiento y la bienaventuranza, entre lo malo y lo bueno, es una ilusión.
     —¿Qué quieres decir? —preguntó Govinda angustiado.
     —¡Escucha bien, amigo, escucha bien! El pecador, que lo somos tú y yo, es pecador, pero algún día volverá a ser Brahma, llegará a nirvana, será buda…, y ahora fíjate bien: ese «algún» es una ilusión. ¡Es sólo metáfora! El pecador no está en camino hacia el budismo, no se encuentra en un desarrollo, aunque no nos lo podemos imaginar de otra forma. No; en el pecador, ahora y hoy, ya está presente el buda futuro, todo su futuro, en él, en ti, en todo se debe respetar el posible buda escondido.
     »El mundo, amigo Govinda, no es imperfecto, ni se encuentra en un camino lento hacia la perfección. No; él es perfecto en cualquier momento. Todo pecado ya lleva en sí el perdón, todos los lactantes, la muerte; todos los moribundos, la vida eterna. Ningún ser humano es capaz de ver en el otro en qué situación se halla dentro de su camino: en el ladrón y en el jugador espera el buda, en el brahmán espera el ladrón.
     »En la profunda meditación existe la posibilidad de anular el tiempo, de ver toda la vida pasada, presente y futura a la vez, y entonces todo es bueno, perfecto: es brahma. Por ello, lo que existe me parece bueno; creo que todo debe ser así, tanto la muerte como la vida, el pecado o la santidad, la inteligencia o la necedad; todo necesita únicamente mi afirmación, mi buena voluntad, mi conformidad de amante: entonces es bueno para mí, y nunca podrá perjudicarme.
     »He experimentado en mi propio cuerpo, en mi misma alma, que necesitaba el pecado, la voluptuosidad, el afán de propiedad, la vanidad, y que precisaba de la más vergonzosa desesperación para aprender a vencer mi resistencia, para instruirme a amar al mundo, para no compararlo con algún mundo deseado o imaginado, regido por una perfección inventada por mí, sino dejarlo tal como es y amarlo y vivirlo a gusto.
     »Estas son, Govinda, algunas de las ideas que se me han ocurrido.
     Siddharta se inclinó, levantó una piedra del suelo y la sopesó en la mano.
     —Esto —declaró mientras jugaba—, es una piedra, y dentro de un tiempo quizá sea polvo de la tierra, y de la tierra pasará a ser una planta, o animal o un ser humano. En otro tiempo hubiera dicho: «Esta piedra sólo es piedra, no tiene valor, pertenece al mundo de Maja; pero como en el circuito de las transformaciones también puede llegar a ser un ente humano y un espíritu, por ello le doy valor». Así, quizás, hubiera pensado antes. Pero ahora razono: esta piedra es una piedra, también un animal, también un dios, también un buda; no la venero ni amo porque algún día pueda llegar a ser esto o lo otro, sino porque todo esto lo es desde hace tiempo, desde siempre. Y, precisamente, esto que ahora se me presenta como una piedra, que ahora y hoy veo que es una piedra, justamente por ello la amo y le doy un valor y un sentido en cada una de sus líneas y huecos, en el amarillo, en el gris, en la dureza, en el sonido que produce cuando la golpeo, en la sequedad o humedad de su superficie.
     »Hay piedras que al tocarlas parecen aceite o jabón, y otras semejan hojas o arena, y cada una es diferente y roza el Om a su manera; cada una es Brahma, pero a la vez es una piedra, está grasienta o jabonosa, y precisamente esto es lo que me gusta y me parece maravilloso y digno de adoración.
     »Pero no me hagas hablar más sobre todo ello. Las palabras no son buenas para el sentido secreto; en cuanto se pronuncia algo ya cambia un poquito, se lo falsifica…, sí, y también esto es muy bueno y me gusta asimismo, estoy muy de acuerdo que lo que es tesoro y sabiduría de una persona, parezca a otra una locura.
     Govinda escuchaba en silencio.
     —¿Por qué me has dicho lo de la piedra? —preguntó vacilante, tras una pausa.
     —Lo dije con intención. O quizás he querido declarar que amo precisamente a la piedra y al río, a esas cosas que contemplamos y de las que podemos aprender. Govinda, puedo amar a una piedra, a un árbol o a su corteza. Son objetos que pueden amarse. Pero no a las palabras. Por ello, las doctrinas no me sirven, no tienen dureza, ni blandura, no poseen colores, ni cantos, ni olor, ni sabor, no encierran más que palabras. Acaso sea eso lo que te impide encontrar la paz, quizá sean tantas palabras. También redención y virtud, lo mismo que samsara y nirvana son sólo palabras, Govinda. Fuera del nirvana no existe nada más: únicamente palpita el vocablo nirvana.
     Govinda exclamó:
     —Amigo, nirvana no es tan sólo un término. Nirvana es un pensamiento.
     Siddharta continuó:
     —Un pensamiento, puede ser así. Amigo, he de hacerte una confesión: no me gusta diferenciar mucho entre pensamientos y palabras. Para serte sincero, tampoco soy partidario de las teorías. Me gustan más los objetos. Aquí, en esta barca, por ejemplo, mi antecesor fue un hombre, un santo que durante muchos años creyó simplemente en el río, en nada más. Notó él que la voz del río le hablaba; de ella aprendió, pues el agua le educó y enseñó; el río le parecía un dios. Durante muchos años ignoró que todo viento, nube, pájaro o escarabajo, es igual de divino, y sabe tanto que también puede enseñar como el río. No obstante, cuando ese santo se marchó a los bosques, lo sabía todo, más que tú y yo, y sin profesor, ni libros; únicamente porque había creído en el río.
     Govinda replicó:
     —Pero, lo que tú llamas «objeto», ¿es realmente algo que tiene sustancia? ¿No se trata sólo de un engaño de Maja: únicamente imagen y apariencia? Tu piedra, tu árbol, tu río…, ¿son realidades?
     —Tampoco eso me preocupa mucho —repuso Siddharta—. ¡Qué más da que las cosas sean engaños o no! Y si lo son, también yo lo seré entonces, y de ese modo nunca me importará. Este es el motivo que me obliga a tenerles tanto aprecio y veneración: son mis semejantes. Por ello puedo amarlos.
     »Y ahora voy a exponerte una teoría de la que te vas a reír: el amor, Govinda, me parece que es lo más importante que existe. Penetrar en el mundo, explicarlo y despreciarlo, puede ser cuestión de interés para los grandes filósofos. Pero para mí, únicamente me interesa el poder amar a ese mundo, no despreciarlo; no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo; a mí sólo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto. —Eso sí que lo comprendo —interrumpió Govinda—. Pero precisamente fue este punto lo que el majestuoso reconoció como engaño. Gotama ordena benevolencia, respeto, compasión, tolerancia, pero no amor; nos prohibió atar a nuestro corazón en el amor hacia lo terrenal.
     —Lo sé —repuso Siddharta. Y su sonrisa tenía un brillo dorado—. Lo sé, Govinda. Y mira, ya nos encontramos en medio de la espesura de las opiniones, en la discusión por palabras. No puedo negarlo: mis palabras sobre el amor contradicen, mejor dicho, parece que contradicen a las palabras de Gotama. Esa es la causa que me hace desconfiar de los términos, pues sé que esta contradicción es un engaño. Sé que estoy de acuerdo con Gotama. ¡Es imposible que el majestuoso no conozca el amor! ¡Él, que ha llegado a conocer todo lo humano en su carácter transitorio y vanidoso, y que a pesar de ello amó tanto a los seres humanos! ¡Él, que empleo toda su larga y penosa vida únicamente para ayudarles, para enseñarles!
     »También en Gotama, tu maestro, prefiero sus hechos antes que sus palabras. Sus actos y su vida me parecen más importantes que sus oraciones, el gesto de su mano es más interesante que sus opiniones. No veo su grandeza en el hablar, ni en el pensar, sino en sus obras y su existencia. […] 
*  *  *
Destaco algo de este reencuentro con el budismo gracias a Hermann Hesse: Ya otros libros de Hesse me habían llegado en momentos importantes de la vida y me habían impactado profundamente.
El lobo estepario, por ejemplo, que leí por primera vez al terminar la secundaria y por segunda en mis ratos libres cuando trabajaba de casero en un hostel de El Bolsón en 2009, a los 26 años. Dos épocas en las que estaba cuestionando todo y quería, como dice en algún lado de ese libro, «hacer saltar el mundo por los aires».
O Narciso y Goldmundo, que también leí en el Sur, después de dejar el trabajo en el hostel, a principios de 2010, mientras paraba en una carpa en casa de unos amigos y me preguntaba qué sería de mi vida al día siguiente.
O Demián, que leí cuando estaba haciéndome amigo de un flaco muy particular, durante los primeros meses de 2010, también.

Quiero mucho a este autor.

viernes, 20 de marzo de 2015

Declaración de principios / Afiliación a un -ismo

El fernandojoseladislaísmo sería una especie de anarco-budismo patagonista, de fuerte raigambre ombliguista egoísto-individualista incoherente.