sábado, 19 de marzo de 2016

¿Metal para todos y todas y todes? No, metal para nadie más que para mí; o, De la metalureidad

Dice una nota que encontré por ahí:
Ni al aprobar la última materia del CBC, ni al entrar por primera vez en el edificio sito en Puán 480, ni al acceder al flamante campus virtual que, entre otras cosas, permite la inscripción online. No. Sucede en el momento exacto en que se experimenta la asociación, la relación de igualdad entre “ostranenie” (vocablo enigmático y pegajoso) y la palabra “extrañamiento”. Recién ahí se tiene la revelación: el novato acaba de ingresar en la carrera de Letras. Recién ahí se empieza a manifestar, según cada quién, una novedosa predisposición, otra perspectiva, una apertura o una flamante enfermedad. Ese es el génesis, el viaje de ida, el comienzo de todo: el extrañamiento o la idea de que lo que vuelve literaria a la literatura es, básicamente, su poder de descolocar, sorprender, volver extraño —con una palabra, una atmósfera o una comparación— lo cotidiano.
Quoth Wikipedia (en la entrada sobre la literatura):
A comienzos del siglo XX, el formalismo ruso se interesa por el fenómeno literario, e indaga sobre los rasgos que definen y caracterizan dichos textos literarios, es decir, sobre la literaturidad de la obra.
Las wikipedias del futuro dirán:
A comienzos del siglo XXI el fernandojoseladislaísmo protopatagónico se intelectualoideíza y se interesa por describir con palabras el fenómeno musical del heavy metal y sus derivados, al que empezó a estudiar informalmente desde finales de la década de 1990 sin producir en esas épocas más que la propia experiencia íntima del escuchar estos ritmos en su walkman o reproductor de mp3. No obstante haber llegado unos sesenta años tarde a «la movida» y no haber asistido a más que a un puñado de recitales del género, lo que nos lega esta pantomima de una corriente de pseudopensamiento es un concepto, claramente afanado de los rusos, para referirse a esos escalofríos y esa sensación de que es imperiosa la destrucción del Universo que produce esta música repugnante: el concepto de metalureidad. Dijo alguna vez su fundador: «Lo que define al metal es un poco complicado de poner en palabras. Sería algo así, grosso modo: Si no hace llorar a los niños, si no hace que tus padres se pregunten en qué se equivocaron al criarte, si no hace que tu abuela se enoje, entonces no es metal [o sea, “si no hace esas cosas, pues carece de metalureidad”]».

martes, 8 de marzo de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo X - Harry el sucio; o, Todavía no vi las de Tarkovsky que me estuve bajando

Siguen pasando los días y sigo sin ver La infancia de Iván, que la tengo en el pen drive, con subtítulos sincronizados y todo, esperando para que la mire en el archi mega súper Smart TV de mi El Padre.
Vi anoche Harry el sucio, con Clint Eastwood, de 1971. Es una de las fundadoras de las típicas películas de acción de esta época. Pienso en Duro de matar o en Arma mortal, por el tipo de policía rebelde, atrevido, que siente que la ley no es justa y sale a hacer su propia justicia. (Aunque no son propiamente de esta época sino de hace casi veinte años, estas…)
Es tan yankee esa idea del que es más justo que la justicia, tan hollywoodense. No sé qué hago mirando estas películas.
Sí sé: Porque me la paso mirando Netflix, y en Netflix no está Tarkovsky ni hay «cine de autor». Ni demasiado del mejor cine yankee. 2001: Odisea del espacio no está. El padrino no está. Hay como un filtro en el que no encaja lo «(que a mí me parece) realmente bueno» en Netflix. Siguen siendo mejores los torrents, para encontrar cosas más «raras».

Grandes reflexiones, las de hoy, ¿eh?…
Sepan disculpar. «Todo no se puede».

Frases célebres apócrifas IV

«Tipo que tras largas me-di-taciones me-di-cuenta 
de que los murciégalos son los ángeles de las ratas muertas.»
Carlos Saúl Darwin

jueves, 3 de marzo de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo IX - «Heat» + Por qué no soy kirchnerista

Esta vez vengo más reflexivo, más sincero, más preocupado por la verdad verdadera… Bueno, tal vez no. Pero vengo más «alta la vara» que al hablar de Deadpool, eso sin dudas.
La idea de tener un blog siempre estuvo relacionada con la de escribir (¿en serio?), con la idea de jugar a «ser escritor», quiero decir. Hace unos días me burlaba de un libro (Es mi tipo, de Simon Garfield, un libro sobre tipografía que me regalaron para Navidad en ocasión de mi dedicación actual, la de montar un taller de impresión tipográfica) diciendo que estaba redactado de un modo muy «periodístico». «Periodístico», dije, porque es un libro escrito de manera muy superficial, lleno de capítulos muy breves que se limitan a contar anécdotas y que reproducen opiniones muy marcadas de distintos «referentes» del mundillo del diseño gráfico con el fin de despertar una controversia o de que uno tome partido frente a tal o cual familia tipográfica. En general, está redactado con un nivel pasable, leíble pero «literariamente» flojo. Muy introductorio.
Pero mi manera de escribir para el blog («pero» si es que mi manera de escribir el blog tenía alguna pretensión literaria y si hay algo negativo en la escritura periodística en sí, si hay algo «inferior» en el periodismo si se lo enfrenta a lo «alto» de la literatura…), ¿acaso no se podría encuadrar precisamente en esa categoría de «periodístico por lo flojo que considero al texto periodístico en general» que le achaqué al libro? Siempre escribo breve, sin muchas pretensiones más que las de entretenerme yo mismo (vamos, que, si realmente alguien aparte de mí lee esto, no he tenido ni una repercusión real), me aferro a los efectos que producen las anécdotas, aprovecho los modestísimos dos o tres recursos que «me caracterizan» y que a mí me causan gracia, pero que al hipotético lector deben aburrir o confundir, etc.
Volviendo a la definición de «periodístico». «¡Vamos, no es peyorativo, es la verdad!», pienso. Y es que en mi experiencia suele ser así. El texto periodístico da una breve información sobre algo que se desarrolla más profusamente en un libro, en una película o en un disco, ¿o no? Parto de pensar en las revistas y periódicos que leo ahora, a saber: el periódico MU, Crisis, la NAN. En esos textos siempre uno queda tentado de seguir profundizando mediante la lectura de libros que apenas se mencionan o se resumen en las notas, o se entera de algo gracias a lo cual se arma una idea superficial o introductoria, pero que, o no despierta más interés en uno o, el tiempo es finito y leer cuesta además dinero, uno no puede seguir informándose sobre todos los temas de los que escucha o lee algo.
En conclusión, un texto periodístico es introductorio por MI definición. Eso no le quita mérito ni calidad.

Bueno, no era sobre eso sobre lo que quería escribir en primera instancia. (¡Ja!)
El tema N.º 1) vendría siendo la película Heat, también llamada Fuego contra fuego, de Michael Mann.
Me encontré el miércoles 2 de marzo, o sea, ayer, por primera vez en mi taller con mi amigo de Edición, L. L., y entre mates y alfajores nos ametrallamos con referencias a libros, a discos y a películas, como suele suceder cuando nos juntamos. Me recomendó esta de acción, de Al Pacino y Robert De Niro (más confundibles que nunca, que no puedo retener nunca cuál es cuál: el Taxi Driver es Pacino, el de el Padrino es De Niro; ah, no, perate, es al revés… ¡Demonios! ¡Y encima están juntos! Casi se autodevora mi corteza cerebral intentando retener cuál era el "bueno" y cuál el "malo".). Es buena. Puro ritmo, pero bien de Hollywood, que ganan los buenos y pierden los malos, y «el crimen no paga».
El tema N.º 2) se desprende de mi reflexlión ante este mirar películas tan «del sistema»: Hace meses que me empecé a bajar películas de Tarkovsky y, obvio, todavía no las vi.
Hoy el tema empezó a resonar cuando me compré el nuevo número del periódico MU y me encontré con una entrevista a un director de cine argentino independiente (Mariano Llinás) que, a pesar de lo pretencioso y rayano con lo snob de su discurso, me resuena, porque habla de la preocupación por la parte artística de las cosas. Y, tengo que reconocerlo, aunque trate de ocultarla entre tanto «arte» de la «industria cultural» que vengo consumiendo, mi preocupación por la parte más artística de las cosas late ahí abajo de todo.
Y aparte me resonó porque dice exactamente lo que me pasó con el kirchnerismo.
Cito (página 18 del vínculo):
Alguna vez te definiste como una persona de izquierda. ¿Qué significa eso hoy?
En uno de sus films de ensayo, Chris Marker sentencia que ama los gatos porque nunca están del lado del poder. Es una idea reveladora, y yo creo con firmeza que ser de izquierda es eso: una postura del espíritu que nos hace temerle al poder de cualquier tipo y tenerle antipatía. Aunque suene extemporáneo, creo que el poder y el dinero son necesariamente malvados, y que la vida es mejor teniendo a bastante distancia a esos malos espíritus. En ese sentido, hay que decir que los años kirchneristas fueron muy difíciles para las personas de izquierda. Muchos con los cuales uno creía compartir pensamientos y percepciones comenzaron a aceptar como válido un discurso permisivo con el poder, con argumentos del tipo «Hay que tener poder para cambiar las cosas», o «el enemigo es tan grande que uno debe tomar partido y perdonar ciertas cuestiones» que, según creo, deberían resultar inadmisibles para cualquier persona con un mínimo de espíritu libertario. Creo firmemente que los cambios no se hacen desde el poder, sino que se gestan al margen del poder y desde allí ejercen una presión más o menos exitosa, más o menos inmediata, más o menos manifiesta. Los cambios se hacen a pesar del poder, desde la fuerza insurrecta de los pensamientos marginales. En ese sentido, ver a tantas personas que uno consideraba aliadas declararle su amor al Presidente, y entregarse ciegamente al fervor de la barbarie enérgica y de la propaganda, y ser [nosotros] acusados de neoliberales y oligarcas por no sumarnos a la fiesta no fue, hay que decirlo, la mejor de las experiencias.
Yo sé que perdí al menos un amigo precisamente por esto que no me banco de hacerse un adorador de líderes y sé que cada vez que prendo la radio o leo un diario o abro el maldito Facebook y veo tanto del «yo no lo voté (a Macri)» o «esto pasa por votar con el orto» (dando por sentado que con Scioli —¡Scioli, el que ascendió con Menem, el aparato ese, el pechofrío ese, con él!— todo iba a ser verdadera felicidad) me siento solo, muy solo, porque, como dice ahí, los que se podían sentir «del palo» junto a uno ahora están escribiendo «¡Volveremos!».

Al final no me salió tan largo.
Pero me hace sufrir mucho todo esto.

lunes, 29 de febrero de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo VIII - Súper-cultivándome; o, Vi «Deadpool»

— Advertencia —
Antes de empezar, aclaro que, como pseudo-hipster que soy, no vi la entrega de los premios Oscar anoche. Ni sé quiénes son los premiados, salvo que DiCaprio por fin obtuvo el codiciado galardón, porque abrí el Facebook y vi la foto de Eameo al respecto.
— Fin de la advertencia —

Batiendo… ¡palmas! No. Batiendo mis records, hoy fui al cine por segunda vez en lo que va de 2016, con lo que pasé de asistir al cinematógrafo una vez cada dos años a hacerlo dos veces por mes (no una, no: ¡dos veces por mes! ¡qué al palo que vivo, dioses!). También me invitaron. Esta vez, mi compañera de aventura tipográfica, «mi amiga de los foros de internet», S. M.
Iba a escribir todo un bodoque sobre el contexto, minuciosamente detallando el (gran) día de hoy, con mi levantarme temprano, diseñar con la computadora unas cosas para el taller de impresión tipográfica que estamos armando con S. M., ir a la psicóloga para una charla tranquila, ir en efecto al taller y seguir con los diseños pero a mano y recibir visitas de dos de los otros «submonders», en una de las cuales recibí en concepto de préstamo el libro Algo más de Marcelo Cohen (un intercambio de rehenes, se diría: al que me lo prestó le di Plop de Rafael Pinedo; con lo que me aseguro que, si alguno de los dos no cumple con la devolución, el uno puede resarcirse conservando el libro del otro. Lo que se llama propiamente «una prenda».)
La película, sí.
Vimos Deadpool.
Empieza in media res (en medio de la acción).
Asunto: la venganza.
Tema: el rencor de Deadpool hacia su creador.
Contexto: Transcurre en el "universo" Marvel, con contactos con los X-Men.
Argumento: Un mercenario estaba pasando su mejor momento, a punto de casarse con La Chica, cuando se enferma de cáncer terminal. Apenas se entera de que está enfermo, recibe una propuesta de una organización oscura que le promete curarlo, y no sólo curarlo, sino dotarlo de poderes superiores a los de cualquier mortal… pero «nada es gratis»: lo curarán y «empoderarán» (jo jo jo; me río porque estoy usando a propósito mal la palabra "empoderar"; [«(pun intended)», se diría]) a cambio de algo, por supuesto: a cambio de su libertad (y de su relación con La Chica), se entera cuando ya está «jugado». La cura implica mucho sufrimiento, y el efecto secundario del tratamiento es que queda desfigurado como si lo hubieran bañado con ácido (ácido hirviente mezclado con caca de diarrea). Pero puede recibir tiros, cortes con espadas, incluso va a perder una mano y regenerarla gracias al tratamiento, que, «dicho sea de paso», despertó sus genes mutantes. El tipo se toma muy a pecho haber quedado desfigurado. Así que se dedica a «stalkear» a su novia durante dos años y al mismo tiempo se dedica a buscar al tipo que lo convirtió en lo que es para que le devuelva su aspecto, porque éste le dijo que podría devolverle su apariencia original pero que no lo hacía porque le caía mal, básicamente.
Durante esos dos años, va matando a todos los que conocen al científico maloso, hasta que da con él. Le cuesta un montón, pero consigue derrotarlo y recuperar el amor de La Chica.
Fin.

Uno de los afiches de la película.

El argumento es de lo más simplón, pero está llevado con mucho ritmo, y, fiel a las historietas, el personaje no para de hacer chistes y morisquetas.
Anoto al margen que me sorprendió el alto nivel de erotismo que se despliega. La Chica es prostituta. Hay un desnudo frontal de ella, uno del Deadpool cuando lo crean en el que se le ve el pitulín, se ven muchos pechos y demás en un bar de strippers en el que trabaja Stan Lee, hay muchos chistes sobre masturbación y sexo, etc.

—Mi calificación—
☠ ☠ ☠ – –
O sea, 3 (tres) cráneos candentes.
Le pongo esta nota porque me hizo reír mucho. Pero MUCHO. Ay, pero estaría para dos, tal vez. Pero me hizo reír MUCHO. Cumple con lo que prometen los afiches y el trailer. Y fue un buen día… Y comí pochoclo salado hasta no poder más… Tres están bien, dejémonos de joder.

—Notas de color—
Cuando llegamos al cine, el Hoyts del Abasto, le dije a mi amiga: «Siempre que vengo al cine acá, cuando salgo está lloviendo». Y, dicho y hecho, que salimos y ella estaba con el celular, distraída, llegamos a la puerta y le digo: «mirá para afuera… llueve».

Una de las portadas de la primera miniserie en la que el personaje empieza a desarrollarse, de 1993.

jueves, 18 de febrero de 2016

La biblia satánica

Hace rato que vengo buscando mitos, ideas y filosofías que orienten un poco la manera de vivir de uno. Me escapé del catolicismo desde chico y me encontré con el agnosticismo, el ateísmo, de ahí pasé a la permacultura, los mitos griegos, el ningunismo, el budismo, el anarquismo, el trascendentalismo de Thoreau... No me casé con ninguna religión o ideología por completo, por el momento. Me limito a tomar de ellas lo que me conviene o me gusta en el momento en que las conozco. Una suerte de promiscuidad espiritual; nada muy revolucionario en esta época de adolescencia interminable.
Tal vez funde formalmente el fernandojoseladislaísmo, de una vez.

Hace rato que tenía una vaga, vaguísima, idea de qué era el satanismo por lo que me llegaba de rebote con las tapas y las letras de los discos de heavy metal que escucho desde hace años. Pero la verdad es que apenas conocía el emblema de Baphomet (el pentagrama con la cara del macho cabrío; ver imagen) y temas que hablan sobre misas negras, cruces invertidas, etc.

Como me parecía que tendría que profundizar un poco sobre el tema, y dispongo de un kindle, pues busqué un poco en Wikipedia sobre Anton Szandor LaVey, estadounidense fundador de la Iglesia Satánica, bajé su obra magna, La biblia satánica, y la leí. Por el momento, me parece muy simpática. Propone una religión que se basa en el egoísmo, en respuesta a la hipocresía de las religiones altruistas. Por ejemplo, invierte la "regla de oro" de "Trata a los demás como quisieras que te trataran a ti" por "Trata a los demás como ellos te traten a ti". Sugiere que cada uno arme su propia religión, y que, si uno se sincera, se da cuenta de que eso es realmente lo que uno tiende a hacer. Etc.

En la edición que tengo, después de la biblia en sí vienen unos textos varios publicados por el autor antes y después de la publicación de la biblia. Uno que me pareció particularmente entretenido fue este (tomado de este enlace):

THE WORLD’S MOST POWERFUL RELIGION
by Anton Szandor LaVey
(Originally appeared in The Cloven Hoof, Issue #127, Year XXXI A.S.)

Religion is the most important thing in a person’s life. If electric trains are the most pervasive thing in one’s life, that is his religion. Anything can be a religion if it means a lot. If your present religion isn’t the most important thing in your life, then skip it. Find whatever impels you most and make that your religion.

Religions are easy to invent. Most traditional religions have little or nothing to do with reality, are dependent on obfuscation, interpretation, guilt, and unreasoning faith—some more than others. Since Satanism is essentially a religion of the self, it holds that the individual and his personal needs comes first. If that means playing with trains or spike-heeled shoes or singing in the bathtub, those are its sacraments and devotions. Taking inventory of old comic books is counting beads on a rosary, each book being a station of the cross.

Before I codified Satanism, thus enabling me to integrate everything of a personal meaning into a suitable forum, I first considered the religion of Dogism. The belief system made sense, but was too limiting. Dogism holds that if you can’t eat it, and you can’t fuck it; piss on it. Much as I respect dogs and their gods, I could relate more to Catism, the principle religion of cats. The Five Commandments of Catism are:

(1) Don’t run, if you can walk.
(2) Don’t walk, if you can stand.
(3) Don’t stand, if you can sit.
(4) Don’t sit, if you can lie down, and
(5) Don’t stay awake, if you can take a nap.

Catism counsels: “He who sleeps the day away / lives to sleep another day,” or, “Respect the friend who brings your food, for he has been your choice / Or go and catch it for yourself, and have a louder voice,” and other such homilies.

lunes, 8 de febrero de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo VII - Cine sobre la infancia

—Contexto—
Hablando con conocidos sobre la idea de ver The Revenant, me puse a recordar películas que me gustaron mucho y me encontré con que unas de las que más «me pueden» son las que tratan sobre la infancia. [Todavía no vi Boyhood.]
Cuando era chico empecé a verlas y ayer recordaba que son las que, de las que me gustan, que suelen estar bien desordenadas, estas entran claramente en un grupo y las adoro sin mucho criterio más que ese: pintan a los niños de una manera que a mí me gusta, nada más.

Empezamos a armar una lista, completamente desordenada(, como a mí me gusta):

- Motorama
- Little Man Tate
- Empire of the Sun
- Stand by Me
- El espinazo del diablo
- La infancia de Iván

Quiero poner Tideland de Terry Gilliam, porque adoro a Terry Gilliam, pero no sé. No es tal cual. Quizá porque el personaje principal, a pesar de que está en la infancia es niña, o porque me molestan otras cosas de la película. No sé.

¡Saludos, nada más y hasta la próxima, amiguitos!

Agrego:

- Moonrise Kingdom

YO OPINO - Cinematógrafo VI - «The Revenant»

—Contexto—
Después de literalmente años de no entrar a una sala de cine (la última vez fue en 2012, ahora que lo pienso; y fue en el mismo complejo y con la misma compañía, cuando fui a ver la primera de El hobbit: y sí, El hobbit es una película como para, después de verla, decidir no ir al cine durante años, realmente…).
Originalmente iban a ir El Padre y La Madre, pero ésta, al enterarse de la película en cuestión, rehusó participar. Así que de rebote ligué una entrada para el cine y una salida con mi viejo.

—La película—
Un colono inglés en el oeste de Estados Unidos, Glass, padre viudo de un adolescente mestizo, consigue escapar, con éste y un puñado de compañeros con los que estaba cazando para obtener pieles, de un "malón".
Se va complicando la cosa porque entre nueve no pueden llevar las pieles que habían juntado entre más de cuarenta, y que la culpa de que nos atacaran es de Glass y de su hijo indio, etc.
Al tal Glass lo agarra un oso y casi lo mata a zarpazos y mordiscones. Queda postrado y el grupo tiene que esforzarse para llevarlo en una camilla improvisada. Aumentan las broncas, porque nos vamos a morir todos por culpa de él, pero es el único que conoce el camino (?).
Deciden parar y separarse. Quedan al cuidado del herido los siguientes personajes, a saber: su hijo medio indio, otro muchacho, muy inexperto e ingenuo, y, obviamente, el culeado que más bronca le tenía (y que acepta quedarse con el moribundo a cambio de una recompensa en metálico), cosa de que el resto del grupo no se muera por cuidar a uno solo pero tampoco vamos a irnos abandonando al herido, que tan grosso era.
El malo quiere dejarlo morir y seguir viaje y cobrar su recompensa. El hijo medio indio se opone, lo mismo el muchacho cándido. Pero el malo es más pulenta que estos dos giles. Consigue irse y dejarlo a Glass para que muera en una tumba improvisada.
Pero Grass no se muere. Y quiere vengarse. Y como salió de la tumba la película se llama "El renacido".

—Mi parecer—
Tengo miedo de los directores españoles/mexicanos:
- Ya me despaché hace unos meses con Javier Fesser y la desilusión que me dio encontrarme con Camino después de ver El milagro de P. Tinto.
- Guillermo del Toro arrancó con la hermosa El espinazo del diablo, para edulcorar la onda "lo fantástico en España" ("hollywoodizarla", "pochoclerizarla") en El laberinto de fauno, y no contento con eso destrozó al Hellboy, y bueno, hizo el insulto Pacific Rim y ¡el guión de El hobbit: la batalla de los cinco ejércitos! «Gracias, pero no, gracias».
- Alfonso Cuarón me emboló con su anti-ciencia-ficción en Gravity, y eso que adoré Great Expectations y Children of Men.
Y así.

Este Iñárritu hizo Babel, Amores perros, 21 gramos… "éxitos de taquilla" que no me interesaron ni en su momento ni ahora. ¡Y la densa y pretenciosísimísima Birdman!, no nos olvidemos.
Por suerte no fue tan dolorosa la experiencia. Más bien, al contrario. Desde el primer momento la forma en que se ven y se escuchan las cosas que pasan te atrapan. Es rico experimentarlas.
No pude parar de pensar en el Sur, enfrascado en los paisajes de montañas, ríos, árboles (que los que yo conozco son poco parecidos a los que se ven, pero qué tanto). Árboles por todos lados, ríos de agua helada, la nieve. Y la luna. La luna entre las montañas, la luna entre los árboles, la luna entre las nubes. El color del cielo.
¿Qué hago en Buenos Aires?

—Mi calificación—
☠ ☠ ☠ – –
(3 (tres) cráneos candentes, más, de yapa, una tibia (y unas garras de oso).
[Esto sobre una calificación máxima de cinco cráneos, calificación que me reservo para películas como Solaris de Tarkovski o Metrópolis de Fritz Lang, ¿queda claro? No se regala la nota.])

viernes, 5 de febrero de 2016

lunes, 1 de febrero de 2016

Frases célebres apócrifas II

«Ciencia ficción en Argentina en el siglo XXI no es pensar en naves oxidadas arregladas a los ponchazos que nos llevan a terraformar planetas peronistas. Es encontrar qué hizo la ciencia ficción con la mente de la gente que la leyó cuando surgió y ver qué podemos producir hoy que haga volar la imaginación del que lea por los puntos de contacto con la realidad mezclados con las extrapolaciones imposibles pero factibles a partir de lo que hoy vivimos.» 
Felipe Joseph Granjero,
incomprendido filósofo de la (mal llamada) ciencia ficción argenta.

domingo, 31 de enero de 2016

El metal II - Gracias a los logos

Nunca me había pasado (creo que nunca me había pasado; al menos no recuerdo que me haya pasado: siempre —en mi primera etapa metalera, digamos, desde los catorce años hasta los veinte más o menos— escuché bandas nuevas por recomendaciones de amigos o por revistas sobre música), pero hace un par de meses empecé a escuchar un par de bandas sencillamente por su logotipo.
No por su género, ni por los nombres de sus discos o sus artes de tapa, sólo por el dibujo que (de)forma su nombre, que a primera vista no permite ni leer qué quiere decir.
Esto pasó porque tuve la genial idea de hacerme remeras con logos de bandas en lugar de comprarlas. Porque así hacemos las cosas. O complicadas o no se hacen.

En la búsqueda me encontré con esta entrevista al diseñador de logos Christophe Szpajdel, que hizo el de Emperor, para empezar…


Le preguntan por los logos que diseñó, por cómo es el proceso de crearlos, etc. Y en un momento le preguntan qué logos le hubiera gustado diseñar: Dragged into Sunlight, dice.
Y ahí conocí por primera vez una banda sólo por su logo. Este:


Y me gustó la banda. El primer tema del primer LP que sacaron tiene un audio con la voz de Charles Manson [por el momento, en todos los discos que sacaron, esta banda recurre a poner audios de asesinos seriales, nada demasiado nuevo, como remarcan varias reseñas sobre sus discos, pero para uno, que conoce asesinos seriales ficticios por Criminal Minds, El silencio de los inocentes, Dexter y tal, encontrarse con tipos ¡de verdad! hablando sobre lo que hicieron y lo que pensaban es estremecedor] tomado de no sé qué grabación de lo que dijera. Y así, sacado de contexto, me parece bastante lúcido lo que dice, qué querés que le haga:

They are sneaking in the county jail
Looking under the door to see if the man is there
Sneaking like little children out of town
Sneaking
Sneaking all around the courthouse
Sneaking in and out of the ventilators
Sneaking everywhere
Everything is sneaky up around Sneaky Ville
Everything we have to do to get to the truth has to be sneaky
It seems a shame to sneak to get to the truth
To make the truth such an evil dirty old nasty thing
You got to sneak to get to the truth
The truth is condemned
The truth is in the gas chamber
The truth has been in your stockyards
Your slaughterhouses
The truth has been in your reservations
Building your railroads
Emptying your garbage
The truth is in your ghettos
In your jails
In your young love
Not in your courts, or your congress, or the old sit judge man on the young
What the hell do the old know about the young?
They put a picture of Old George on the dollar and tell you that he is your father, worship him
Look at the madness that goes on, you can’t prove anything that happened yesterday
Now, the only thing that’s real
You can try to prove that Columbus sail on an ocean
But it’s not the same ocean, it’s a different ocean, it’s a different world
Everyday
Every reality
Is a new reality
Every new reality is a new horizon
A brand new experience of living
I got a note last night from a friend of mine
He rise in his note of what he might have to do in order to save his reality
As I save mine
You can’t prove anything!
There is nothing to prove!
Every man judges himself
He knows what he is
You know what you are
As I know what I am
We all know what we are
Nobody can stand in judgment
They can play like they are standing in judgment
Then take you off and control the masses
With your human body
And they can lock you up in the penitentiaries, and cages, and put you on crosses like they did in the past
But it doesn’t amount to anything
What they’re doing is, they’re only persecuting a reflection of themselves
They’re persecuting what they can’t stand to look at in themselves
The truth
The cant stand to look at the truth in themselves
They persecute themselves
They are butchering themselves every time they go on the freeway
They hate themselves
Look at the signs, “Stop”, “Go”, “Turn here”, “Turn there”, “You cant do this”, “You cant do that”, “You cant, you cant, you cant”, “This is illegal”, “That’s illegal”, “Everything’s illegal”
The priest used to watch over the people
Now they are watching the people
The president does not represent the people, he should be on the roadside picking up his children, but he isn’t
He is in the white house, sending them off to war
And you’re saying I have to pay for this again?
And again and again I’ve got to pay for your sins
How many times have I got to pay for your sins?
I’m getting tired
I’m getting tired

The people you call my family were people that you didn’t want
Children that were along side the road that their parents had kicked out
So I took ‘em to my garbage dump and fed ‘em and taught ‘em that in love there is no wrong
Everything they’ve done they’ve done for the love of brother

Qué querés que te diga, decía; no hay una conclusión muy clara para este post poco claro, que no sé si habla de Manson o de los logos, al final: para mí el metal es eso: asusta a las viejas, hace llorar a los niños, molesta a los hermanos y vecinos; si no, no es metal.

Otro logo que me pareció muy bueno por lo claro que se lee el nombre sin perder la forma simétrica y de pinches típica, aparte de las gotas de sangre, es el de Whore of Bethlehem:


Besis.

domingo, 24 de enero de 2016

El metal I - Soledad melómana

Hace unos días leí en el muro de Facebook de un amigo un comentario de un sabio filósofo y poeta en el que llamaba «DEVIL MENTAL» (así, todo en mayúsculas) al heavy metal. Seguramente se creía muy pillo por haber inventado un juego de palabras tan elaborado, tan incisivo.

Consiguió hacerme pensar un poco sobre el metal, eso sí. Es la música que escucho desde los trece años, si mal no calculo, cuando entré al colegio secundario en 1997. «La que me define», se diría.

Desde que a mediados de 2015 empecé a pasar la mayor parte del día solo en el taller [de encuadernación e impresión (Escuadrón Guillemet)], acompañado por mi viejo celular con su memoria SD de 2 GB llena de mp3, estoy escuchando más metal que nunca, que empecé desde 2012/2013, después de la internación, a «sacarle el jugo» a la computadora para orientar las búsquedas de música gracias a Metal Archives.
Esta sería mi segunda gran época de escuchar metal(, se diría).

Y me estoy encontrando con que me gustaría compartir con alguien, como mínimo una persona, los botines que estoy atesorando de mis incursiones en Metal Tracker o RockBox, pero la verdad es que cada vez tengo menos ganas de hacerme amigo de los metaleros que conozco. (¿Debería uno acercarse a la gente por compartir gustos? ¡Así fue como hice la mayor parte de mis amigos [de carne y hueso, con los que hablo en persona] más entrañables!, al menos eso me parece).

O bien yo no entiendo lo que quieren decir los discos que escucho, no soy la persona que los músicos esperan que escuchen esos sonidos; o bien los metaleros que conozco no entienden lo que yo entiendo de los discos que yo escucho.

Es que yo también… No me gusta ir a recitales, es verdad, ahí podría conocer a alguien; no voy a rockerías porque me pirateo todo lo que escucho desde hace más de diez años; recién ahora estoy empezando a tener ganas de ponerme remeras con logos de bandas después de casi quince años de no hacerlo (en primer año del colegio tenía una de A.N.I.M.A.L. y una de Korn y pará de contar). Y, lo crucial, las bandas que me parten la cabeza no son las más populares, realmente.

¿Dónde están los que escuchan death metal viejo (Entombed, Dismember, At the Gates, Grave, Unleashed, Pestilence, Obituary, Morbid Angel, Cannibal Corpse, Incantation, Cryptopsy) o el nuevo (Cattle Decapitation, Psycroptic, Dead Congregation, Morbus Chron, Dragged into Sunlight, Grime), que se preguntan como yo cuánto falta para que se acabe la humanidad, que se divierten con estos ritmos y gruñidos?

Es que soy gil. Por ejemplo, el otro día estaba esperando el colectivo y apareció una flaca con una remera de Hell Hammer (!!!!!!), la banda que tenía el cantante de Celtic Frost y hoy Triptykon, antes de formar Celtic Frost, y ¿qué hice?, dejé que se fuera sin siquiera… ¿qué podría haber hecho? Sin siquiera hacer los cuernitos en señal de ¿camaradería?

No sé. Es metal, es la música que te muestra cómo suena el infierno, la banda de sonido para el fin de los tiempos, hecha para el que se entretiene con todo lo que no entiende de la experiencia de ser humano, para el masticador de lo más oscuro que pueda imaginar la mente humana, música para locos que escapan de la realidad para enfrentar la realidad más cruda, para «explorar la frontera de lo irreal».
Prefiero la lluvia antes que el sol, el invierno antes que el verano, la montaña antes que la playa, el bosque antes que la ciudad, lo del costado, lo no-humano.

Me gustaría poder decir «somos» los carroñeros de esta cosa podrida pero tan rica, al menos con una persona más.

domingo, 10 de enero de 2016

YO OPINO - «Basta de bastardear a Mafalda»

Estoy harto de muchas cosas, pero ya ni me da el tiempo para gritar cuánto me molestan (por suerte (por suerte para mí)). Tengo ganas de armar una página que se llame así: «Basta de bastardear a Mafalda». Me pudrí de entrar al "inicio" del facebook y ver cuadritos de Mafalda con el texto cambiado, y cambiado para más que peor, cambiado para horror, cambiado para obliteración de la humanidad...

Ya se apropiaron del eternauta los kirchneristas. Y eso que con el eternauta se apropiaron de una manera en cierto modo lógica, digamos, porque la historieta tenía algunos puntos en común con la ideología del kirchnerismo. (¿Es cierto eso? Corroborarlo no estaría de más…) 

Ahora, ¿por qué al personaje de una niña con la mente de un adulto bastante inteligente me lo mezclan con frases bobas e, incluso, insultantes para los niños, para las mujeres y para la inteligencia en general?

Conclusión: la reputísima madre que los parió, pichiruchis.

 #BastadebastardearaMafalda

jueves, 7 de enero de 2016

YO OPINO - Cinematógrafo V - «I'm back»

¿Qué? ¿Creyeron que me había olvidado de ustedes, mis queridos lectores? No, no. Ni mucho menos.
Mientras se prepara la polea y se recauchutan los rodillos de la minerva (sí, aunque no lo crean, por fin estoy resolviendo eso), me tomo un vaso de soda, que no tengo ni para Coca, y les escribo bolubolu, que es lo que más me gusta hacer.

En la reunión de fin de año con la familia recuperé algunas cosas. La que viene al caso en este «post»: la clave de Netflix. Después de un par de meses de no poder acceder al servicio por razones ajenas a vuestra incumbencia, recuperé la susodicha clave. De manera que el domingo, después del almuerzo, me apoltroné y me conecté. 

Para empezar, miré Terminator 3, que no la había visto completa nunca y, al término, Terminator "4" (Salvation). Me dieron bastante risa. La 3, sobre todo, que es todo un gran chiste (malo, pero chiste al fin). La 4, con la complicada historia del tal Marcus, no me convenció mucho. Me faltaron persecuciones y robots de metal líquido.

No contento con la panzada de robots tiratiros, me castigué con la vieja Robocop. Y todavía me dio el cuero para mirar Robocop 2 ya empezando la cena.

Iba a poner alguna reflexión elevada, pero la verdad, habiendo consumido casi 10 horas de películas «de mierda», se me derritió el cerebro como el T-1000 cuando cae en el acero fundido.

Mis disculpas a Tarkovski, que me bajé un par de sus películas (porque en Netflix, ni señales del tipo) hace unas semanas, pero aún no las metí en un «pen-drive» para contemplarlas en el Smart TV de mi padre.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Yo tenía un blog, ¿dónde lo dejé?

Antes de antes, cuando el mundo era más [o quizá menos] luminoso, yo tenía un blog que versaba principalmente de dibujo.

Por «temas», lo eliminé, y con él, destruí los dibujos originales de papel.

Hoy estaba buscando una imagen de perfil en mi cuenta de Google y encontré que algunos dibujos se salvaron de aquella eliminación total.

La foto de portada era esta:


Publicaba los chistes de Plinplaf! que salían en el diario Juicio propio:





Hacía algunos dibujos con acuarela
(este era un boceto que hice para una adaptación
de un cuento de Ray Bradbury que nunca terminé):


Bocetos en tinta china:





Bocetos con Rotring:



Bocetos con lápiz:



Bocetos rápidos en el subte:


jueves, 24 de diciembre de 2015

lunes, 21 de diciembre de 2015

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo

¿Mi deseo para el año que viene?

Ver en vida el fin de los tiempos.

Que el 31 a la noche empiecen truenos y relámpagos, que la noche se haga día, que los pájaros levanten vuelo y se den de cabeza contra los edificios, que los árboles pierdan las hojas y se marchiten instantáneamente, y que el cielo se ponga rojo y negro, que las nubes se arremolinen y de un vórtice baje una mano gigante que nos señale y que la mugre de SU uña nos interpele y que, al encontrar esa mugre escatológica con la mirada, nos hagamos de un polvo que se lleve el viento.

Así podremos gritar —y esta vez, con verdadera justicia— al irnos desintegrando: «¡Felisa, me muero!»

jueves, 17 de diciembre de 2015

YO OPINO - Cinematógrafo IV - Nostalgia refrita

Transigiendo CON mi convicción arraigadísima [transigir es intransitivo, corrector de pacotilla], sigo publicando bolubolu por aquí.

Todavía no terminé de bajar ninguna de Tarkovski. Paciencia.

Anoche no me podía dormir (Cfr. las horas de publicación de todos los posts de anoche) y me dije: «Bueno, si me fumo el martirio de "Terminator: Genisys", tal vez me duerma como un angelito». 

Mala mía. 

Me la vi toda y quedé con los ojos "como el 2 de oro", cantaban los pajaritos, salía el sol y yo... yo seguía despierto...

¿Es una buena película? Pfffff. Ni de lejos. Sólo estaba desvelado, viejo. Al menos batí mi record y vi una película completa sin dormirme (casi sin pestañear) después de unos meses de haberlo intentado sin éxito.

El que me recomiende la nueva Star Wars... Nos vamos despidiendo. ¡Chuik!

YO OPINO - Cinematógrafo III - Charla esperanzadora

Hoy (casi) recobré la confianza en la humanidad cuando en una nutrida conversación con Sandra, mi socia en el proyecto de impresión tipográfica, y unos vecinos de Submundo me recordaron a Tarkovski. Creo que lo había puesto como uno de los «rescatables» en mi insidioso «YO OPINO - Cinematógrafo II», pero es cierto que es bueno. Tengo vistas Solaris, La infancia de Iván y El espejo. Ahora sé que son siete sus películas. Y que se pueden ver treinta veces cada una y no te cansás.

«Now we are talking»…

Frases célebres apócrifas 0

«¡¡¡¡EL INFIERNO ES EL OTRO!!!!»
Jean-Paul Kirchner.

martes, 15 de diciembre de 2015

YO OPINO - Cinematógrafo II - Nihilismo cinéfilo

Cuando era chico me encantaba ver películas. Pero cuanto más acceso tengo a ellas, menos interés me despiertan.
Woody Allen, Vin Diesel (los considero al mismo nivel de "artistas bien burgueses"; mentira, Allen está mucho más arriba en el ranking, si no en el primer puesto de narradores de problemas de gente con la que no me identifico y a la que no me interesa parecerme ni de lejos), Tom Cruise, Renée Zellweger, George Clooney, Peter Jackson, Christopher Nolan, Keanu Reeves y Angelina Jolie consiguieron que odie la idea de ¡perder! dos horas que podría haber empleado en dormir o leer o escuchar música.

Las películas de ciencia ficción me hacían tener sueños —y pesadillas— fuertes, pensar en el mundo que pintaban, imaginar qué haría en situaciones como las que se narraban, me daban ganas de dibujar historietas robando estéticas o situaciones que veía en las películas.

Rescato de lo nuevo a Wes Anderson, a Wim Wenders (¿nuevo?), la nueva de Mad Max —y sólo un poquito porque los autos parecen chocar de verdad y no CGI, pero es parte de esta nostalgia pedorra y falta de ideas de refritar todo—, [¿rescato algo más? tal vez… no, nada más], y ahí paremos de contar.

¿Gravedad? Bodriazo. ¿Eso dicen que es ciencia ficción?, ¡¿qué queda para "Solaris" de Tarkovski?!
¿El agente de CIPOL? La saqué una hora antes de que terminara.
¿El origen (Inception)? ZZZZZZ.
¿Las de superhéroes? Son lo menos malo de Hollywood últimamente. Y si eso es lo menos malo…
¿Y las de animación? ¿Hay chance de que hagan algo que no sea en CGI? ¿Y en donde los personajes no hagan la cara "'tude"? ¡¡¡¡JA!!!!
¿Y algún clásico? Dracula, la de Winona Ryder y Anthony Hopkins de la década de 1990... Traté de verla cuatro o cinco veces y me quedo dormido cuando Drácula llega convertido en monstruo medio lobo en el barco.

No me entretienen ni los honest trailers, ya, porque todo el cine de Hollywood es una burla de sí mismo.

No es tan así con las series nuevas. Game of Thrones y Netflix me pueden, realmente. Soy un gordo mascachicle bien marcado por el post-neoliberalismo, ¿qué querés que le haga?

No sé por qué me pasan estas cosas. ¿Envejecí? ¿"Me puse la gorra"? ¿Mi imaginación anda mal o las películas son realmente malas?

Para pensar…

YO OPINO - Cinematógrafo

No entiendo cómo Javier Fesser hizo la genial El milagro de P. Tinto y después el bodoque Camino.

Un millón de años

Me imagino el mundo dentro de un millón de años (en parte gracias a Kurt Vonnegut, que estoy leyendo Galápagos, pero es algo que hago desde que tengo diez años, más o menos, cuando me enteré de que los dinosaurios habían desaparecido hace más de 65 millones de años), cuando no quede de nosotros ni una sola señal de que alguna vez existimos, ni una alambrada, ni una represa en un río, ni una autopista, ni una herramienta oxidándose; nada: ni un pedacito de lo más grande que haya hecho la humanidad, ni una partícula de las pirámides de Egipto, pongamos por caso.
Cuando todos nuestros problemas tan terribles no le importen absolutamente a nadie. (A nadie más que a paleontólogos que profanen nuestras tumbas y se pregunten si teníamos sangre fría o caliente y piensen que tal vez nos morimos de puros giles que no supimos qué hacer con un meteorito, claro.)

//////// Esto no significa nada más que lo que dice. No hay segundas lecturas. ////////

Es parecido a lo que pienso cuando miro a los gatos a los ojos. ¡Cómo deseo (deseo en indicativo, que no "desearía" sino que efectivamente deseo) poder vivir como un gato, dormir cuando pinte, comer cuando tenga hambre, que no me entre en la cabeza ni el asomo de una idea, ni menos de un lenguaje, ser puras sensaciones!
(Kurt Vonnegut también habla de eso en Galápagos: está narrada por un fantasma de un hombre que murió en la década de 1980 y que vio cómo la humanidad evolucionó dejando atrás su mayor deformidad: el cerebro demasiado grande…)

Para pensar... ;)

viernes, 11 de diciembre de 2015

Trabajar

«Trabajar en un trabajo que te vacía es ensayar la muerte».
Me hubiera gustado escribirla yo. (Aunque sea redundante, jaja.)
Estoy experimentando todos los días ganas de trabajar desde que me levanto hasta que me acuesto.
Qué raro que sea raro disfrutar del trabajo.

Anarquismo para todos y todas

Una reflexión sobre este momento político de Argentina.
Cada día lo quiero más a este Ferrer.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Fases célebres apócrifas -I [se lee "menos uno"]

«El ciudadano tiene la ilusión [de] que elige y sólo se limita a escoger entre la reducida lista que los financieros han decretado apta para el consumo popular. El político y su partido lo saben, y sabe por consecuencia que antes de someterse a la elección popular ha de tener el visto bueno de los financieros, y este visto bueno se obtiene a cambio de la entrega de los intereses populares. Cuando el día del comicio llega, el pueblo no elige sino dentro de la opción que los financieros le proporcionan.» 
Dicen que lo recita Arturo Autechre en el track Nº 4 de su disco Tri Repetae.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Libros digitales

Hace poco conseguí un kindle®, y al poco tiempo encontré un par de maneras de conseguir libros digitales en formatos compatibles con e-readers y tablets (principalmente ¡pirateados!, ¡qué chancho!), maneras bastante mejores que las que usaba antes, que descargaba .doc o .pdf y trataba de leerlos del monitor (puaj).

Empecé con los sitios de descarga de torrents (kickass.to, torrentz.eu, etc.), que son buenos especialmente para películas, series y música, juegos y programas, sí, pero que, a mi entender, con el tema ebooks se quedan un poco flojos. Es complicado encontrar un libro suelto, suelen subir bundles con un par de miles de libros (y andá a encontrar el que querés), o muchos de los libros que busqué sólo aparecen como audiolibros.
Y prácticamente todos están en inglés, si eso es un problema. (Quizá no. Personalmente, me gusta leer libros en inglés si están escritos originalmente en inglés, pero el problema es que por esos sitios encontrar un libro cuyo idioma original sea el español y que estén en español… ahí sí, eso sí que es un problema.)

Soluciones

 A la pipeta

1) Para descargar libros en inglés

 A la pipeta

a) En el dominio público

A la pipeta
- El proyecto Gutenberg
El sitio para descargar libros clásicos digitalizados.
Los entregan en múltiples formatos (.mobi, .epub, .html, .txt, audiolibros, etc.).
Hay mayoría en inglés, pero encontrás algunos en español, francés, italiano…

- Biblioteca digital de la Universidad de Adelaide, de Australia
Similar al Gutenberg, incluso tienen algunos libros en su catálogo que sencillamente linkean a los de Gutenberg, pero hay muchos más que no están en ese otro sitio.
A la pipeta

b) Pirateados

A la pipeta
- Guía para descargar libros con mIRC
Usando mIRC u otro servicio de chat IRC se pueden conseguir las novedades (y antigüedades) de habla inglesa en un tris.
No debe ser tan complicado encontrar en otros idiomas, pero por el momento me engolosiné con conseguir todo lo que se me ocurre buscar de ciencia ficción, por ejemplo.
A la pipeta

2) Para descargar libros en español

A la pipeta

a) Pirateados (con mucho amor y poco Scioli)

A la pipeta
- ePub Libre
Una comunidad de editores amateur haciendo historia: digitalizan libros en papel y los pasan a .epub, con una calidad de "alta" para arriba. Gente que lee el libro que está editando. Ya es más que lo que hacen ciertas "so called editoriales".

-Torrent con 6000 y pico de libros

Creo que eso sería todo por ahora. Salud.

domingo, 19 de julio de 2015

El budismo, Hermann Hesse y tal

Hace unos años usaba el blog —y un par de años antes, los foros— para escribir lo que me pasaba por la cabeza. Comentarios sobre lo que estaba leyendo, principalmente. Comentarios sobre lo que pensaba, tratando de descular alguna historia que me partía la cabeza en ese entonces. Diálogos medio «solilóquicos» con otros foreros y blogueros en los que me explayaba sobre lo que me atormentaba o sobre aquello de lo que estaba disfrutando en cierto momento.
Por un tiempo, dejé de hacerlo.
Hace un par de años, limité escritos en ese tono a cuadernos de papel que guardo no sé bien para qué. Pero el blog es distinto. Porque esos cuadernos no los va a leer nadie más que yo, algún psicólogo que me atienda y quizá mi madre cuando yo muera, si es que ella me sobrevive.
Esto no es así. Esto es explosivo. Esto es por lo que murió gente en otras épocas no tan lejanas: escribir algo y que otros lo lean.
Mi maestro de tipografía dice que la imprenta es un arma. La imprenta sería un revólver si se la compara con la espada que era la pluma.
Internet sería algo así como una bomba atómica.
Y es más que una bomba atómica: Esto lo puede leer un flaco en Italia, otro en Nueva Zelanda, una flaca de Chad… En cualquier momento. Si no lo borro, pueden pasar años hasta que alguien esté buscando la biografía de Hesse o quiera comprar un Kindle y le aparezca este mensaje en su lista de resultados de Google.
Es poderoso.

*  *  *

Hace un par de horas —antes de emitir mi sufragio «derrotista y careta» para el próximo jefe de gobierno de mi ciudad—, terminé de leer Siddharta, de Hermann Hesse [libro descargado hace unos días de ePub Libre, un sitio impresionante que descubrí no hace mucho y el cual empecé a usufructuar hace un par de meses con motivo de la compra de un Kindle® (Keyboard WiFi de pantalla de 6 pulgadas, con 3 GB de espacio —como para un par de miles de libros—, usado pero como nuevo, etc.: mi juguete nuevo, un cambiavidas, un parteaguas, un quemacocos {por ejemplo, descargué con un torrent la bibliografía de Philip K. Dick completa en diez minutos. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Bueno: la bibliografía completa de Bradbury, tal vez, o la de Ballard… que también se pueden encontrar por ahí. ¡Dioses! <Aprendí a usar mIRC para descargar libros en inglés, también. La baba.>})].
Siddharta, decía.
Es un libro de Hesse publicado en 1922.
Narra la vida de un tal Siddharta que vive en la India en los tiempos del otro Siddharta, el famoso, Siddharta Gautama, Shakyamuni, EL Buda. O sea, es la historia de un tocayo del Buda histórico que vive en su misma época e incluso lo conoce en persona en el libro. Este Siddharta también alcanzará la iluminación, pero por un camino distinto al del Buda, y sin abrazar su doctrina, sino siguiendo su propio destino.
[Redacción con estilo «contratapa de una edición de veinte pesos».]

Hace unos días hablaba en el colectivo con mi amiga y socia sobre el budismo, que hace un par de años empecé a practicarlo con bastante asiduidad, y le comentaba que la cosa no venía siendo así en el último tiempo.
Y gracias a esa conversación —y a otras circunstancias que no vienen al caso, también—, me reencontré con estas ideas.
Es muy grande para una entrada de un blog, quizá; blog que no lee ni mi madre, en estos tiempos, pero sea, lo digo: hay una extraña tensión, incomodidad, una serie de dudas y contradicciones en el hecho de que alguien como yo —que desde los diez años, después de la primera comunión, rechazó la idea de Dios y de todo lo que tuviera que ver con una religión organizada y se hizo decididamente anti-religioso— se encuentre con que hay una religión que, para empezar, no tiene Dios y que, además, propone un sistema para equilibrarse, ordenarse, automejorarse, comprender el mundo, relacionarse de cierta forma con las personas, completamente distinto a lo que por sus prejuicios de la infancia y rencores de la adolescencia esperaba de una religión. Sistema que vino a servirle a uno de sostén en un mal momento —si no el peor de la vida— y que cuando se lo enfrenta, después de un tiempo de dejarlo un poco de lado, con uno ya repuesto de aquel mal momento, asusta por lo poderoso que lo hace sentir.

Para muestras, no basta sino que más bien sobra un botón (de pánico) [es del último capítulo del libro: SPOILER ALERT]:
    […] —Antes de continuar mi camino, Siddharta, permíteme una pregunta. ¿Tienes una doctrina? ¿Tienes una fe o una creencia que sigues, que te ayuda a vivir y a obrar bien?
     Siddharta declaró:
     —Tú ya sabes, amigo, que de joven, cuando vivía con los ascetas, en el bosque, llegué a creer que debía desconfiar de las doctrinas y los profesores, y darles la espalda. No he cambiado de opinión.
     »No obstante, he tenido muchos otros maestros desde entonces. Incluso una bella cortesana fue mi instructora por un largo tiempo, así como un rico comerciante y unos jugadores de dados. También lo ha sido en una ocasión un discípulo de Buda; estaba sentado a mi lado, en el bosque, cuando yo me había adormecido en mi peregrinar. También aprendí de él, y le estoy agradecido, de veras. Sin embargo, de quien aprendí más fue de este río y de mi antecesor, el barquero Vasudeva. Era una persona muy sencilla; no se trataba de ningún filósofo, y sin embargo, sabía tanto como Gotama: era perfecto, un santo.
     Govinda exclamó:
     —¡Me parece, Siddharta, que todavía te gusta la burla! Te creo y sé que no has seguido a ningún profesor. ¿Pero, acaso no has encontrado tú mismo esta doctrina, con algunos razonamientos o conocimientos tuyos, que te ayuden a vivir? Si quisieras decirme alguna de esas teorías, alegrarías mi corazón.
     Siddharta repuso:
     —He tenido ideas, sí, e incluso razonamientos de vez en cuando. En alguna ocasión he creído sentir en mí cómo se percibe la vida en el corazón, pero tan sólo por una hora o un día. Eran muchas las ideas, y me sería difícil comunicártelas. Mira, Govinda, esta es una de las cuestiones que he descubierto: la sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un erudito intenta comunicar, siempre suena a simpleza.
     —¿Bromeas? —inquirió Govinda.
     —No. Digo lo que he encontrado. El saber es comunicable, pero la sabiduría no. No se la puede hallar, pero se la puede vivir, nos sostiene, hace milagros: pero nunca se la puede explicar ni enseñar. Esto era lo que ya de joven pretendía, y lo que me apartó de los profesores.
     »He encontrado otra idea que tú, Govinda, seguramente tomarás por broma o chifladura, pero, en realidad, se trata de mi mejor pensamiento. Es este: ¡Lo contrario a cada verdad es igual de auténtico! O sea: una verdad sólo se puede pronunciar y expresar con palabras si es unilateral. Y unilateral es todo lo que se puede expresar con pensamientos y declarar con palabras; todo lo unilateral, todo lo mediocre, todo lo que carece de integridad, de redondez, de unidad.
     »Cuando el venerable Gotama enseñaba el mundo por medio de palabras, lo tenía que dividir en samsara y nirvana en ilusión y verdad, en sufrimiento y redención. No es posible otra forma para el que desea enseñar. No obstante, el mundo mismo, lo que existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral. Jamás un hombre o un hecho es del todo samsara o del todo nirvana, nunca un ser es completamente santo o pecador. Nos parece que es así porque nos hacemos la ilusión de que el tiempo es algo real. Y el tiempo no es real, Govinda, lo he experimentado muchísimas veces. Y si el tiempo no es real, también el lapso que parece existir entre el mundo y la eternidad, entre el sufrimiento y la bienaventuranza, entre lo malo y lo bueno, es una ilusión.
     —¿Qué quieres decir? —preguntó Govinda angustiado.
     —¡Escucha bien, amigo, escucha bien! El pecador, que lo somos tú y yo, es pecador, pero algún día volverá a ser Brahma, llegará a nirvana, será buda…, y ahora fíjate bien: ese «algún» es una ilusión. ¡Es sólo metáfora! El pecador no está en camino hacia el budismo, no se encuentra en un desarrollo, aunque no nos lo podemos imaginar de otra forma. No; en el pecador, ahora y hoy, ya está presente el buda futuro, todo su futuro, en él, en ti, en todo se debe respetar el posible buda escondido.
     »El mundo, amigo Govinda, no es imperfecto, ni se encuentra en un camino lento hacia la perfección. No; él es perfecto en cualquier momento. Todo pecado ya lleva en sí el perdón, todos los lactantes, la muerte; todos los moribundos, la vida eterna. Ningún ser humano es capaz de ver en el otro en qué situación se halla dentro de su camino: en el ladrón y en el jugador espera el buda, en el brahmán espera el ladrón.
     »En la profunda meditación existe la posibilidad de anular el tiempo, de ver toda la vida pasada, presente y futura a la vez, y entonces todo es bueno, perfecto: es brahma. Por ello, lo que existe me parece bueno; creo que todo debe ser así, tanto la muerte como la vida, el pecado o la santidad, la inteligencia o la necedad; todo necesita únicamente mi afirmación, mi buena voluntad, mi conformidad de amante: entonces es bueno para mí, y nunca podrá perjudicarme.
     »He experimentado en mi propio cuerpo, en mi misma alma, que necesitaba el pecado, la voluptuosidad, el afán de propiedad, la vanidad, y que precisaba de la más vergonzosa desesperación para aprender a vencer mi resistencia, para instruirme a amar al mundo, para no compararlo con algún mundo deseado o imaginado, regido por una perfección inventada por mí, sino dejarlo tal como es y amarlo y vivirlo a gusto.
     »Estas son, Govinda, algunas de las ideas que se me han ocurrido.
     Siddharta se inclinó, levantó una piedra del suelo y la sopesó en la mano.
     —Esto —declaró mientras jugaba—, es una piedra, y dentro de un tiempo quizá sea polvo de la tierra, y de la tierra pasará a ser una planta, o animal o un ser humano. En otro tiempo hubiera dicho: «Esta piedra sólo es piedra, no tiene valor, pertenece al mundo de Maja; pero como en el circuito de las transformaciones también puede llegar a ser un ente humano y un espíritu, por ello le doy valor». Así, quizás, hubiera pensado antes. Pero ahora razono: esta piedra es una piedra, también un animal, también un dios, también un buda; no la venero ni amo porque algún día pueda llegar a ser esto o lo otro, sino porque todo esto lo es desde hace tiempo, desde siempre. Y, precisamente, esto que ahora se me presenta como una piedra, que ahora y hoy veo que es una piedra, justamente por ello la amo y le doy un valor y un sentido en cada una de sus líneas y huecos, en el amarillo, en el gris, en la dureza, en el sonido que produce cuando la golpeo, en la sequedad o humedad de su superficie.
     »Hay piedras que al tocarlas parecen aceite o jabón, y otras semejan hojas o arena, y cada una es diferente y roza el Om a su manera; cada una es Brahma, pero a la vez es una piedra, está grasienta o jabonosa, y precisamente esto es lo que me gusta y me parece maravilloso y digno de adoración.
     »Pero no me hagas hablar más sobre todo ello. Las palabras no son buenas para el sentido secreto; en cuanto se pronuncia algo ya cambia un poquito, se lo falsifica…, sí, y también esto es muy bueno y me gusta asimismo, estoy muy de acuerdo que lo que es tesoro y sabiduría de una persona, parezca a otra una locura.
     Govinda escuchaba en silencio.
     —¿Por qué me has dicho lo de la piedra? —preguntó vacilante, tras una pausa.
     —Lo dije con intención. O quizás he querido declarar que amo precisamente a la piedra y al río, a esas cosas que contemplamos y de las que podemos aprender. Govinda, puedo amar a una piedra, a un árbol o a su corteza. Son objetos que pueden amarse. Pero no a las palabras. Por ello, las doctrinas no me sirven, no tienen dureza, ni blandura, no poseen colores, ni cantos, ni olor, ni sabor, no encierran más que palabras. Acaso sea eso lo que te impide encontrar la paz, quizá sean tantas palabras. También redención y virtud, lo mismo que samsara y nirvana son sólo palabras, Govinda. Fuera del nirvana no existe nada más: únicamente palpita el vocablo nirvana.
     Govinda exclamó:
     —Amigo, nirvana no es tan sólo un término. Nirvana es un pensamiento.
     Siddharta continuó:
     —Un pensamiento, puede ser así. Amigo, he de hacerte una confesión: no me gusta diferenciar mucho entre pensamientos y palabras. Para serte sincero, tampoco soy partidario de las teorías. Me gustan más los objetos. Aquí, en esta barca, por ejemplo, mi antecesor fue un hombre, un santo que durante muchos años creyó simplemente en el río, en nada más. Notó él que la voz del río le hablaba; de ella aprendió, pues el agua le educó y enseñó; el río le parecía un dios. Durante muchos años ignoró que todo viento, nube, pájaro o escarabajo, es igual de divino, y sabe tanto que también puede enseñar como el río. No obstante, cuando ese santo se marchó a los bosques, lo sabía todo, más que tú y yo, y sin profesor, ni libros; únicamente porque había creído en el río.
     Govinda replicó:
     —Pero, lo que tú llamas «objeto», ¿es realmente algo que tiene sustancia? ¿No se trata sólo de un engaño de Maja: únicamente imagen y apariencia? Tu piedra, tu árbol, tu río…, ¿son realidades?
     —Tampoco eso me preocupa mucho —repuso Siddharta—. ¡Qué más da que las cosas sean engaños o no! Y si lo son, también yo lo seré entonces, y de ese modo nunca me importará. Este es el motivo que me obliga a tenerles tanto aprecio y veneración: son mis semejantes. Por ello puedo amarlos.
     »Y ahora voy a exponerte una teoría de la que te vas a reír: el amor, Govinda, me parece que es lo más importante que existe. Penetrar en el mundo, explicarlo y despreciarlo, puede ser cuestión de interés para los grandes filósofos. Pero para mí, únicamente me interesa el poder amar a ese mundo, no despreciarlo; no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo; a mí sólo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto. —Eso sí que lo comprendo —interrumpió Govinda—. Pero precisamente fue este punto lo que el majestuoso reconoció como engaño. Gotama ordena benevolencia, respeto, compasión, tolerancia, pero no amor; nos prohibió atar a nuestro corazón en el amor hacia lo terrenal.
     —Lo sé —repuso Siddharta. Y su sonrisa tenía un brillo dorado—. Lo sé, Govinda. Y mira, ya nos encontramos en medio de la espesura de las opiniones, en la discusión por palabras. No puedo negarlo: mis palabras sobre el amor contradicen, mejor dicho, parece que contradicen a las palabras de Gotama. Esa es la causa que me hace desconfiar de los términos, pues sé que esta contradicción es un engaño. Sé que estoy de acuerdo con Gotama. ¡Es imposible que el majestuoso no conozca el amor! ¡Él, que ha llegado a conocer todo lo humano en su carácter transitorio y vanidoso, y que a pesar de ello amó tanto a los seres humanos! ¡Él, que empleo toda su larga y penosa vida únicamente para ayudarles, para enseñarles!
     »También en Gotama, tu maestro, prefiero sus hechos antes que sus palabras. Sus actos y su vida me parecen más importantes que sus oraciones, el gesto de su mano es más interesante que sus opiniones. No veo su grandeza en el hablar, ni en el pensar, sino en sus obras y su existencia. […] 
*  *  *
Destaco algo de este reencuentro con el budismo gracias a Hermann Hesse: Ya otros libros de Hesse me habían llegado en momentos importantes de la vida y me habían impactado profundamente.
El lobo estepario, por ejemplo, que leí por primera vez al terminar la secundaria y por segunda en mis ratos libres cuando trabajaba de casero en un hostel de El Bolsón en 2009, a los 26 años. Dos épocas en las que estaba cuestionando todo y quería, como dice en algún lado de ese libro, «hacer saltar el mundo por los aires».
O Narciso y Goldmundo, que también leí en el Sur, después de dejar el trabajo en el hostel, a principios de 2010, mientras paraba en una carpa en casa de unos amigos y me preguntaba qué sería de mi vida al día siguiente.
O Demián, que leí cuando estaba haciéndome amigo de un flaco muy particular, durante los primeros meses de 2010, también.

Quiero mucho a este autor.

martes, 2 de junio de 2015

Desventuras literario-culturales IV

El libro de Mario Vargas Llosa que había encontrado en Puán ya está nuevamente en manos de su legítima propietaria, que pasó el martes a buscarlo por la clase en la que estaba. «Me cache…». Se retiró sin más.
- Fin de la desventura vargasllosiana -

lunes, 25 de mayo de 2015

Desventuras literario-culturales III

Hace rato vengo cuestionándome mis intereses. 
Me está preocupando sobremanera el hecho de poder traer a la mente sin problemas la ubicación exacta en un mapa de alguna de las islas de Terramar, o poder recitar la genealogía de algunas casas de Tolkien, pero no saber ni siquiera ubicar en una línea de tiempo los nombres de más de cinco o seis presidentes argentinos (o sea, los que recuerdo por haber estado bajo su gobierno y dos o tres más, como Perón e Yrigoyen). ¿Dónde estuve todos estos años?

Con los libros de George R. R. Martin se acrecentó este malestar, porque noto a cada página que leo que mi ñoñez se está potenciando a niveles que ni imaginaba que iba a ser capaz de alcanzar. 

Festejo patrióticamente el día de la Revolución de Mayo así: 
Me despierto alrededor de las nueve y media, pero no me prendo una escarapela en el pecho, ni como un pastelito siquiera. —No desayuno nada, realmente, de puro ansioso por lo que sé que puede llegar a venir—. Me armo una pila de almohadas, me arrebujo en las mantas —por fin llegó el fresco—, y abro el libro que dejé sin terminar anoche (mitad por sueño después de unos días ajetreados y muy activos, y mitad para no irme a dormir sabiendo el final de la historia, que sabía que me iba a dejar más cebado y me iba a hacer más difícil dormir saber el final que no saberlo). 
Así festejo el 25 de Mayo: No sin mucha culpa descubro cada día de la Semana de Mayo —y de las otras— que no tengo idea de quién cuernos era el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, ni mucho menos qué pito tocaban Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Castelli, Azcuénaga, Alberti, Matheu ni Larrea, pero el placer y el fervor que siento cuando me aprendo de memoria las gestas de los héroes de… los Siete Reinos no puede ni compararse al patriot(er)ismo que me despiertan estas fechas, cuyo nivel en mí se mediría en números negativos.]
Todo esto para decir que llegué hace un par de horas, con grandes esfuerzos (si no me equivoco, tardé dos meses), a terminar Danza de dragones, de George R. R. Martin.
Jorgito Martín es sencillamente un $☣#@|=+&☠
¿Cómo se atreve a dejar todo como lo deja al final?
X moribundo/a.
Y ultrajado/a.
Z, α, β, γ, y δ, a punto de estar a punto de hacer lo que están a punto de hacer desde hace tres libros… 
Quiere hacerme entregar mi ejemplar a las llamas de R'hllor, para ver en los fuegos si avanza la cosa…

* * *

No digo más.
Me voy a ver… ¿la cadena nacional?, ¿un documental sobre la Primera Junta?, ¿fotos del Cabildo bajo la lluvia? ¡No!: el episodio de anoche de la serie de TV, vieja, que encima ya son dos cosas distintas, tan contento que me tenía que hasta la geografía me parecía bien hasta no hacía muchos capítulos (como cuando nombran la isla de Estermont). [Posta que no sé dónde queda Beccar, ni distingo San Justo de González Catán, pero puedo recordar casi sin errores la distribución de los fuertes del Muro de Este a Oeste. Qué mal ando, Dios. Si así está el país, es por personas como yo, seguramente.]

* * *

Pero es cierto que esta vergüenza me está moviendo a empezar, al menos, a preocuparme por no aprender solamente sobre mis ñoñeces, sino a dedicar tiempo a repasar, o a estudiar por primera vez, algunos temas de historia «real» que me despiertan interés. 

Por todo lo expuesto, 

RESUELVO:

Me «desafío», considerando el placer que me surge espontáneamente al aprender de memoria estos datos «inútiles», a tratar de encontrarlo en la lectura de algún «buen» libro de Historia, pero sigo buscándolo.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Desventuras literarias II

Recordarán, oh fieles lectores, que hace unos días conté muy orondo que me había encontrado un libro de Mario Vargas Llosa abandonado en Puán.

Bueno, resulta que esta tarde tenía un parcial en la misma aula en la que encontré el libro la semana pasada. Apenas me senté, apareció en la puerta una chica que a viva voz se identificó como la dueña de un libro olvidado en esa misma aula la semana pasada. Uno de Vargas Llosa. Precisamente, La casa verde. Y preguntó si alguien lo había encontrado «hacete el gil, mirá para otro lado, que no se dé cuenta…», porque era un libro que necesitaba para hacer una monografía «diantres» y no iba a poder terminarla «recórcholis», y bueno, que por favor si lo tenían se lo devolvieran; que si no, lo iba a leer en la computadora «con mil demonios».
—Lo tengo yo —le batí. 

Arreglamos para que se lo lleve la semana que viene a la clase.

Así que no llegó ni a juntar un micrómetro de tierra y ya se va de mi bibliotequita.

Adiós, adiós. 

* snif *

jueves, 14 de mayo de 2015

Desventuras literarias I

Hace mucho que no publico nada por acá, pero puedo usar el botón «programar» y nadie se da cuenta, jo jo jo. 
Mejor así, quizá. No publicar tanto y listo. (La vida pasa por otro lado, digo, me parece.)

Ayer me encontré abandonado un libro abajo de una silla en Puán. 
No digo cuál es porque puede aparecer el dueño y se cumpliría de nuevo lo de «easy comes, easy goes…», jo jo jo.

Pista: es de un autor de quien ya tengo un libro que nunca leí. De modo que ahora son dos libros que quizá nunca lea. ¿Será el destino de este autor quedar «obliterado» bajo el polvo en mi pequeña y abarrotada bibliotequita? Quizá sí, porque parece ser que fue (o es; ja ja ja, cuánto misterio) un culeado que escribía cosillas muy izquierdosas pero a quien hacia el final de su vida «se le notó la marca de la gorra».
Era de Vargas Llosa.

jueves, 23 de abril de 2015

Bloguear ya no es lo que era

Oh, la vida.
Al principio, el bloguear fue un pasatiempo.
Después, se convirtió en una urgencia, una necesidad.
Con el tiempo, fue quedando relegado.
Últimamente, casi lo olvido, entre tanto Facebook.
Pero todavía considero que entra en la parte mejor de internet.
Y hoy… Quería copiar y pegar una nota que leí hace un rato en el periódico MU sobre el libro Distancia de rescate de Samanta Schweblin, pero mejor no.

jueves, 2 de abril de 2015

Sobre gustos… (es lo único sobre lo que se ha escrito)

Hace un par de meses que estoy tratando de recuperar libros que fui perdiendo y que «me marcaron» (Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell, o Into the Wild, de Jon Krakauer, por citar dos que se me vienen a la mente ahora). En esa misma tesitura, estoy tratando de completar mi colección de revistas. Quiero leer, leer, leer hasta que se me derritan los ojos, y de paso hacer tsundoku (no es un juego con números, es el nombre japonés de la acción de acumular libros y no leerlos), y que se me caiga una biblioteca encima y me aplaste y así morir feliz.
Ayer conseguí un ejemplar en perfecto estado de El Péndulo número 9, de la segunda época, junio de 1982. [Me faltan la 8 (el ejemplar que tengo está fallado, justo tiene en blanco varias páginas del cuento de Tolkien), la 10 y la 15.]
En facebook estuve hablando un poco sobre qué es literatura y qué no lo es, y sobre si la ciencia ficción debería estar afuera de la «alta literatura».
Conclusión: Yo qué sé.
Pero lo que sí sé es que esto que publicaron en esa revista El Péndulo tiene una ostranenie que ni te cuento:

FIN
El profesor Jones trabajó en la teoría del tiempo durante muchos años.
—Y he encontrado la ecuación clave —informó a su hija, un día—. El tiempo es un campo. Esta máquina que he hecho puede manipular, e incluso invertir, ese campo.
Oprimiendo un botón mientras hablaba, prosiguió:
—Esto debe hacer correr el tiempo hacia hacia tiempo el correr hacer debe esto.
Prosiguió, hablaba mientras botón un oprimiendo.
—Campo ese, invertir incluso e, manipular puede hecho he que máquina esta. Campo un es tiempo el. —día un, hija su a informó— clave ecuación la encontrado he y.
Años muchos durante tiempo del teoría la en trabajó Jones profesor el.
FIN

Es un microrrelato, claramente. Fue escrito por Fredric Brown, de quien me han recomendado sus libros pero todavía «no he tenido el gusto» de hallar ninguno en mis visitas a los parques donde se venden los usados.

lunes, 30 de marzo de 2015

Coming soon

Se viene algo grande, al menos para mí. Algo así:

«★»

Empieza con L y termina con -etterpress.